La castaña del Pará que podría salvar el Amazonas

Posted on 06 November 2002

La castaña del Pará es el único fruto seco que se encuentra exclusivamente en los bosques del Amazonas. La cosecha sostenible de estos frutos secos no solamente le da los medios para vivir a la gente pero también protege los bosques contra el despeje para la agricultura.
Los vecinos de Nilton Martinez creen que su familia es rara, pues tiene un terreno de 300 hectáreas de bosque al lado de la Reserva Nacional Tambopata en la pluviselva amazónica del sureste del Perú. Pero en vez de despejar el terreno para sembrarlo, como hacen los otros colonos en el área, la familia Martínez cosecha la castaña del Pará. El árbol de la castaña del Pará (Bertholletia excelsa) se encuentra en los bosques del Perú, Bolivia y Brasil, y es uno de los árboles más longevos del Amazonas — a veces alcanza la edad de 1.000 años, y tiene una biología muy compleja y especial. Sus flores dependen de las abejas de orquídeas para su polinización. Una vez polinizadas, se desarrolla una vaina el tamaño de un coco de agua que contiene unas 20 semillas, o frutos secos, y después de unos 15 meses, cae la vaina al suelo del bosque. La única manera en que los frutos secos puedan salir de la vaina es cuando un roedor de tres kilogramos de peso, el agutí, los suelta. El laborioso agutí, que se parece a una ardilla tanto físicamente como por sus costumbres, es la única criatura del bosque capaz de roer la cáscara de la vaina; come algunos frutos secos y entierra los demás para el futuro, y así inadvertidamente siembra nuevos árboles. La castaña del Pará es un alimento bueno no solo para el agutí. El hombre también la come. Los intentos para cultivar el árbol en haciendas han fracasado, razón por la cual la castaña del Pará es el único fruto seco comercial que se encuentra exclusivamente en los bosques del Amazonas. “Esta importante distinción ha convertido a los cosechadores de la castaña en guardianes del bosque,” dice Martínez. Hay unas 1.000 concesiones dentro de la Reserva Nacional Tambopata y sus alrededores. Cuando se toman en consideración las actividades colaterales, tales como transporte y los procesos, la castaña del Pará provee empleo a unas 20.000 personas — el 25 por ciento de la población del estado Madre de Dios del Amazonas. Las concesiones las otorga el gobierno del Perú y los cosechadores deben pagar un impuesto basado en la producción. La mayoría de los operarios son familias pequeñas que luchan para obtener sus necesidades básicas durante la corta temporada de cosecha de enero a marzo. El trabajo es agotador, aún para los más fuertes. Se usa un machete para partir la dura vaina y se vacían los pequeños frutos secos, que todavía están dentro de sus cáscaras, en grandes sacos. El saco lleno pesa de 75 a 85 kilogramos y se transporta del bosque en las espaldas del trabajador sujetado a una banda por su frente. Algunos de estos robustos aventureros caminan por varias horas antes de llegar a una carretera o un río para el transporte de su carga hasta las plantas en donde se les quita la cáscara y se empacan para la venta. Martínez decidió que debería haber otra manera de proceder. Junto con un hermano se asociaron con otros cosechadores y con la Asociación para la Conservación del Amazonas (ACA) para idear métodos más sencillos para facilitar el trabajo. Uno de los aparatos favoritos de Martínez es una pequeña carreta que se empuja a mano y que permite que el hombre transporte varios sacos a la vez. El grupo también ha trazado un mapa de más de 40.000 hectáreas de las concesiones de la castaña del Pará para ayudar las actividades de los cosechadores. Además, ha producido una corta serie para la televisión local. La estrella del programa es el legendario Don Pancho, un viejo cosechador de la castaña, que enseña el oficio a su joven sobrino y un estudiante visitante, acompañado de su ingenio y su fiel guitarra. Pero la caída de los precios ha afectado a la industria: hace apenas dos años, la castaña del Pará se vendía por el doble del precio de hoy. Los peruanos de afuera del Amazonas todavía no han adquirido un gusto para este fruto seco indígena, y la castaña queda a la merced del mercado internacional que más bien prefiere el cajú, las almendras y los cacahuetes. “El mercadeo es un problema mayúsculo”, dice Vanessa Sequeira, directora de campo del proyecto del fruto seco de la ACA, y explica que la mayoría de las personas fuera del Amazonas no están conscientes de la importancia del papel de la castaña en la conservacón. Como respuesta, el grupo montó una campaña para la educación del consumidor con la consigna “Salva al Amazonas, consume la castaña del Pará.” La ACA, junto con el WWF, también promueve la certificación de los bosques de la castaña. En marzo del 2001 las normas peruanas para la cosecha de la castaña del Pará obtuvieron el reconocimiento del Consejo Mundial Forestal, la primera norma de la Administración para un producto no maderero. A pesar de estos logros, a Sequeira le preocupa que se les está acabando el tiempo a la mayoría de los cosechadores peruanos. En este último año, dice ella, muchos de ellos no pudieron beneficiar sus concesiones debido a los bajos precios y el alto costo del transporte. Además, el gobierno peruano todavía no ha establecido un marco regulador que facilitaría la cosecha de la castaña. Si continúa la tendencia, muchos de los cosechadores, para poder sobrevivir, podrían verse obligados a cambiarse a industrias de extracción que dañan el ambiente, como cribar por oro o la agricultura de quema convirtiendo así a estos viejos amigos de los bosques en sus enemigos. El árbol de la castaña del Pará es parte de la delicada red de vida del Amazonas. Aparte de las abejas de orquídeas, los agutís y los cosechadores de la castaña, la vida de muchos otros animales y plantas están entrelazados con este árbol. Las vainas ya vacías, por ejemplo, se llenan de agua de lluvia y son sitios donde se crían libélulas, una rana venenosa y un sapo, los cuales dependen de estas diminutas charcas en el piso del bosque. La mayor amenaza a estos árboles — y a la infinidad de vidas que dependen de ellos — es el despeje del bosque. La cosecha sostenible de la castaña del Pará es, por lo tanto, algo vital para la protección de los bosques del Perú. Por eso, haz lo que dice la publicidad: come castañas del Pará y salva el Amazonas. (1058 palabras) *Stephanie Boyd es un periodista independiente radicado en el Perú. Mayor información : El Consejo Mundial Forestal (FSC) Establecido en 1993, el Consejo Mundial Forestal el parámetro internacional para certificar y etiquetar los productos del bosque. La Certificación Forestal es un sistema de inspección más un sistema de control de los productos forestales por medio de una “cadena de custodia”, desde la materia prima hasta el producto terminado. Esto es para asegurarse que los productos provengan de bosques bien administrados — o sea, que toman en cuenta los principios y criterios ambientales, sociales y económicos. La obra del WWF para la conservación forestal en el Perú Durante el año pasado, la Oficina del Programa del Perú del WWF ha promovido la reforma y la modernización del sector forestal peruano por medio de su apoyo e implementación de concesiones forestales para la administración sostenible recientemente otorgadas por el gobierno. Específicamente, a fin de conservar la biodiversidad y asegurar la sostenibilidad de los recursos naturales, el WWF Perú provee asistencia técnica y entrenamiento de administración comercial a pequeñas empresas para administrar la sostenibilidad de sus concesiones. Recientemente el WWF Perú colaboró para obtener la aprobación del Consejo de Administración Forestal de las normas para la castaña del Pará — un primer paso crítico hacia el establecimiento de un esquema viable de administración y facilitar el procedimiento de certificación para aumentar el acceso a nuevos mercados internacionales.
Brazil nuts.
© WWF / Stephanie Boyd