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WWF: 60 años de acción por la naturaleza y las personas

Como parte de nuestras celebraciones del 60 aniversario, descubre algunos de nuestros éxitos más recientes, los grandes desafíos que aún deben superarse y cómo, juntos, podemos cambiar esto.

Historias de conservación

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Con tu apoyo estamos trabajando junto a más de 30 importantes ciudades de todo el mundo para evitar que el plástico termine en la naturaleza.

PERO...

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Muchas áreas urbanas, responsables de aproximadamente el 60% de toda la contaminación plástica en los océanos aún no han tomado medidas.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos

Nuestro océano contiene aproximadamente 300 millones de toneladas de plástico. Mata la vida marina, sofoca nuestras playas e incluso se introduce en los alimentos que comemos.

Pero el mundo finalmente se está dando cuenta de este enorme problema.

Hasta ahora, más de 30 ciudades, desde Tailandia hasta Túnez, se han comprometido a tomar medidas para detener la contaminación plástica, y nuestro objetivo es lograr que 1.000 ciudades inteligentes en el manejo del plástico se unan al movimiento hasta 2030. Esto es de vital importancia, ya que aproximadamente el 60 % del plástico en el océano proviene de áreas urbanas.

El creciente movimiento mundial por el cambio también está generando avances de otras formas. Más de 65 gobiernos han comprometido su apoyo a un tratado global para prevenir la contaminación plástica, después de que más de 2 millones de personas en todo el mundo firmaron nuestra petición.

Ahora que los consumidores están pidiendo acciones, las empresas también se están sumando. Más de 500 organizaciones, incluidas las empresas responsables de más del 20 % de todos los envases de plástico, han firmado el Compromiso Global de la Nueva Economía del Plástico, respaldado por WWF, para eliminar los residuos plásticos. Y a través de nuestra iniciativa ReSource: Plastic Initiative, los estamos ayudando a convertir la ambición en acción.
 

El desafío que aún enfrentamos

A pesar de estas señales alentadoras, la cantidad equivalente a un camión lleno de plásticos sigue siendo arrojada al océano cada minuto.

A finales de la década, es probable que produzcamos un 40 % más de plástico que en la actualidad. Y sin una acción urgente, podría haber más plástico que peces en el océano para el 2050.

Uno de los problemas más urgentes en este momento es la necesidad de abordar la amenaza de los artes de pesca plásticos que han sido perdidos o desechados. Las llamadas "redes fantasma" son el tipo de desecho plástico más mortal, dado que atrapa y enreda a mamíferos marinos, tortugas, aves marinas y tiburones, así como a importantes poblaciones de peces.

Otros problemas ambientales críticos también están relacionados con nuestro uso de plástico: desde la forma en que la producción de plástico representa actualmente alrededor del 6 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, hasta la contaminación del aire causada por la quema de desechos plásticos.

Estos son problemas desafiantes, pero confiamos en que las acciones coordinadas de empresas, ciudades y gobiernos, junto con cientos de millones de personas que realizan cambios en sus propios estilos de vida, pueden conducir a que no haya plástico en la naturaleza para 2030.

Juntos podemos cambiarlo.

El progreso que hemos logrado juntos

Nuestro océano contiene aproximadamente 300 millones de toneladas de plástico. Mata la vida marina, sofoca nuestras playas e incluso se introduce en los alimentos que comemos.

Pero el mundo finalmente se está dando cuenta de este enorme problema.

Hasta ahora, más de 30 ciudades, desde Tailandia hasta Túnez, se han comprometido a tomar medidas para detener la contaminación plástica, y nuestro objetivo es lograr que 1.000 ciudades inteligentes en el manejo del plástico se unan al movimiento hasta 2030. Esto es de vital importancia, ya que aproximadamente el 60 % del plástico en el océano proviene de áreas urbanas.

El creciente movimiento mundial por el cambio también está generando avances de otras formas. Más de 65 gobiernos han comprometido su apoyo a un tratado global para prevenir la contaminación plástica, después de que más de 2 millones de personas en todo el mundo firmaron nuestra petición.

Ahora que los consumidores están pidiendo acciones, las empresas también se están sumando. Más de 500 organizaciones, incluidas las empresas responsables de más del 20 % de todos los envases de plástico, han firmado el Compromiso Global de la Nueva Economía del Plástico, respaldado por WWF, para eliminar los residuos plásticos. Y a través de nuestra iniciativa ReSource: Plastic Initiative, los estamos ayudando a convertir la ambición en acción.
 

El desafío que aún enfrentamos

A pesar de estas señales alentadoras, la cantidad equivalente a un camión lleno de plásticos sigue siendo arrojada al océano cada minuto.

A finales de la década, es probable que produzcamos un 40 % más de plástico que en la actualidad. Y sin una acción urgente, podría haber más plástico que peces en el océano para el 2050.

Uno de los problemas más urgentes en este momento es la necesidad de abordar la amenaza de los artes de pesca plásticos que han sido perdidos o desechados. Las llamadas "redes fantasma" son el tipo de desecho plástico más mortal, dado que atrapa y enreda a mamíferos marinos, tortugas, aves marinas y tiburones, así como a importantes poblaciones de peces.

Otros problemas ambientales críticos también están relacionados con nuestro uso de plástico: desde la forma en que la producción de plástico representa actualmente alrededor del 6 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, hasta la contaminación del aire causada por la quema de desechos plásticos.

Estos son problemas desafiantes, pero confiamos en que las acciones coordinadas de empresas, ciudades y gobiernos, junto con cientos de millones de personas que realizan cambios en sus propios estilos de vida, pueden conducir a que no haya plástico en la naturaleza para 2030.

Juntos podemos cambiarlo.

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Con tu apoyo y el de las comunidades y gobiernos, ayudamos a establecer el parque nacional de selva tropical más grande del mundo, que cubre 4,3 millones de hectáreas de la Amazonia colombiana.

PERO...

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En todo el mundo, seguimos perdiendo 10 millones de hectáreas de bosque cada año.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos


En el corazón de la Amazonia colombiana, el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete es una de las áreas de selva tropical más prístinas del mundo.

Es hogar de cerca de 3.000 especies de animales y plantas, algunas de ellas vulnerables, como los tapires de tierras bajas, nutrias gigantes, osos hormigueros gigantes, monos lanudos, delfines de río y jaguares. Su ubicación única —allí el Amazonas se encuentra con las ecorregiones vecinas de los Andes, el Orinoco, y el Escudo Guayanés— explica su enorme diversidad.

Chiribiquete también es de vital importancia para muchas comunidades indígenas locales, algunas de las cuales no han sido contactadas o viven aisladas voluntariamente. Los tesoros arqueológicos del parque incluyen arte rupestre antiguo, tales como 50 murales conformados por cerca de 70.000 pinturas, algunas de más de 20.000 años de antigüedad. Estos se pueden encontrar a lo largo de los muchos tepuyes de la región, formaciones rocosas de tipo meseta que se elevan fuera del denso bosque. El aislamiento de estas imponentes torres determina que muchas de las plantas y animales que los habitan no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

En 2018, después de años de campaña de WWF y otros, el gobierno colombiano aumentó el tamaño del parque nacional en más de la mitad. Con 4.3 millones de hectáreas, el tamaño de Dinamarca, ahora es la mayor área de selva protegida del mundo. Chiribiquete también ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad, con el objetivo de apoyar la salvaguarda de sus riquezas naturales y culturales para las generaciones futuras.

Ahora estamos trabajando con las comunidades, el gobierno y otros socios para asegurarnos de que el parque nacional sea bien cuidado. Además, continuamos con nuestra labor conjunta para crear una red de áreas protegidas bien administradas y financiadas en todo el país.

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS

Cada año se destruye un área de bosque de más del doble del tamaño del Parque Nacional Chiribiquete. Y aunque muchos gobiernos, empresas y otros se han comprometido a poner fin a la deforestación, diez millones de hectáreas de bosques se siguen perdiendo anualmente, el equivalente a un campo de futbol cada segundo.

El sector agropecuario es uno de los principales causantes de la destrucción de los hábitats forestales, especialmente, la producción de carne vacuna, aceite de palma y soja. Otras actividades como la minería, la tala mal gestionada y la construcción de carretas también tienen graves consecuencias.

La deforestación amenaza la supervivencia de innumerables especies y de millones de personas que viven en los bosques y sus alrededores. También tiene consecuencias globales como la intensificación del cambio climático y el aumento del riesgo de pandemias como el Covid-19, debido al mayor contacto humano con la vida silvestre y las enfermedades que portan.

Los gobiernos, las comunidades, empresas y muchos otros actores, incluido WWF, tienen un papel que desempeñar para cambiar las cosas. Tenemos que ayudar a la gente a comprender mejor los muchos servicios vitales que nos brindan los bosques sin importar donde vivimos, desde agua limpia hasta suelos saludables. Debemos detener la deforestación, proteger mejor y gestionar de manera sostenible los bosques que quedan y restaurar los paisajes forestales.

Juntos podemos cambiarlo.
 

El progreso que hemos logrado juntos


En el corazón de la Amazonia colombiana, el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete es una de las áreas de selva tropical más prístinas del mundo.

Es hogar de cerca de 3.000 especies de animales y plantas, algunas de ellas vulnerables, como los tapires de tierras bajas, nutrias gigantes, osos hormigueros gigantes, monos lanudos, delfines de río y jaguares. Su ubicación única —allí el Amazonas se encuentra con las ecorregiones vecinas de los Andes, el Orinoco, y el Escudo Guayanés— explica su enorme diversidad.

Chiribiquete también es de vital importancia para muchas comunidades indígenas locales, algunas de las cuales no han sido contactadas o viven aisladas voluntariamente. Los tesoros arqueológicos del parque incluyen arte rupestre antiguo, tales como 50 murales conformados por cerca de 70.000 pinturas, algunas de más de 20.000 años de antigüedad. Estos se pueden encontrar a lo largo de los muchos tepuyes de la región, formaciones rocosas de tipo meseta que se elevan fuera del denso bosque. El aislamiento de estas imponentes torres determina que muchas de las plantas y animales que los habitan no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

En 2018, después de años de campaña de WWF y otros, el gobierno colombiano aumentó el tamaño del parque nacional en más de la mitad. Con 4.3 millones de hectáreas, el tamaño de Dinamarca, ahora es la mayor área de selva protegida del mundo. Chiribiquete también ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad, con el objetivo de apoyar la salvaguarda de sus riquezas naturales y culturales para las generaciones futuras.

Ahora estamos trabajando con las comunidades, el gobierno y otros socios para asegurarnos de que el parque nacional sea bien cuidado. Además, continuamos con nuestra labor conjunta para crear una red de áreas protegidas bien administradas y financiadas en todo el país.

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS

Cada año se destruye un área de bosque de más del doble del tamaño del Parque Nacional Chiribiquete. Y aunque muchos gobiernos, empresas y otros se han comprometido a poner fin a la deforestación, diez millones de hectáreas de bosques se siguen perdiendo anualmente, el equivalente a un campo de futbol cada segundo.

El sector agropecuario es uno de los principales causantes de la destrucción de los hábitats forestales, especialmente, la producción de carne vacuna, aceite de palma y soja. Otras actividades como la minería, la tala mal gestionada y la construcción de carretas también tienen graves consecuencias.

La deforestación amenaza la supervivencia de innumerables especies y de millones de personas que viven en los bosques y sus alrededores. También tiene consecuencias globales como la intensificación del cambio climático y el aumento del riesgo de pandemias como el Covid-19, debido al mayor contacto humano con la vida silvestre y las enfermedades que portan.

Los gobiernos, las comunidades, empresas y muchos otros actores, incluido WWF, tienen un papel que desempeñar para cambiar las cosas. Tenemos que ayudar a la gente a comprender mejor los muchos servicios vitales que nos brindan los bosques sin importar donde vivimos, desde agua limpia hasta suelos saludables. Debemos detener la deforestación, proteger mejor y gestionar de manera sostenible los bosques que quedan y restaurar los paisajes forestales.

Juntos podemos cambiarlo.
 

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Con tu apoyo ayudamos a asegurar el flujo de agua en 295 cuencas en México, salvaguardando las reservas de agua para la naturaleza y beneficiando a 45 millones de personas.

PERO...

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En todo el mundo, los ríos se siguen drenando, represando y desviando.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos


Como en muchos países, en México la escasez de agua es una verdadera amenaza. A medida que las poblaciones humanas crecen, y el cambio climático altera los patrones de lluvia y aumenta las sequías, el estrés hídrico es cada vez mayor.

Entre 2014 y 2018 y con el apoyo de WWF, el país dio un paso revolucionario en la gestión integral de los recursos hídricos. Se firmaron trece decretos presidenciales de “reservas de agua” en 295 cuencas en todo el país.

Esto significa que una proporción del volumen de agua que fluye por estas cuencas, se reserva para la naturaleza, así como para proporcionar agua para consumo humano y otras necesidades esenciales de la población local. En total, las reservas representan el 55% del agua superficial que se genera en México y pretenden garantizar la fuente de agua dulce para 45 millones de personas durante el próximo medio siglo.

WWF desempeñó un papel clave en determinar científicamente cuánta agua necesita fluir a través de cada cuenca para mantener a la naturaleza y satisfacer las necesidades de la población. Esto permitirá que el agua se administre de manera inteligente y justa, ahora y en el futuro.

Las reservas de agua también ayudarán a salvaguardar los ríos libres que quedan en México, como el Usumacinta, el río más caudaloso y con mayor biodiversidad de Centroamérica. Con la reserva de agua ahora se protege el 94% del agua superficial del Usumacinta, nutriendo a las comunidades, los bosques y la vida silvestre, como el maravilloso jaguar.
 

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS

Los ríos proporcionan agua potable a 2 mil millones de personas en todo el mundo y son vitales para la alimentación y el sustento de cientos de millones porque proporcionan agua para riego, mantienen la pesca de agua dulce y transportan nutrientes a algunas de las regiones agrícolas más importantes del mundo, así como sedimentos para mantener los deltas densamente poblados por encima del nivel del mar.

Pero nuestros ríos están en peligro. Las presas hidroeléctricas interrumpen su régimen de escurrimiento natural y bloquean el movimiento de especies migratorias. La agricultura, la industria y las ciudades consumen más agua de la que los ríos pueden abastecer y contaminan lo que queda. Solo un tercio de los ríos de más de 1,000 km de longitud sigue fluyendo libremente, y algunos se secan incluso antes de llegar al mar por el exceso de usos o por la infraestructura existente.

Por lo tanto, no sorprende que se hayan reducido las poblaciones de mamíferos de agua dulce, aves, reptiles, peces y anfibios en un 84% desde 1970.

Es urgente que muchas más personas de todo el mundo reconozcan el verdadero valor de los ríos y las amenazas que enfrentan. Necesitamos su apoyo para los esfuerzos en curso junto con los gobiernos los agricultores, las empresas, las comunidades y los científicos.

Estamos trabajando para mejorar la forma en cómo gestionar los ríos y otros ecosistemas de agua dulce. Estamos desafiando desarrollos destructivos como presas hidroeléctricas mal diseñadas y demostrando alternativas sostenibles. También estamos ayudando a que los ríos recuperen la salud mediante la modificación o eliminación de presas y otras estructuras artificiales, la restauración de humedales y llanuras aluviales y la protección de especies amenazadas como los delfines de río y el esturión.

Juntos podemos cambiarlo.

El progreso que hemos logrado juntos


Como en muchos países, en México la escasez de agua es una verdadera amenaza. A medida que las poblaciones humanas crecen, y el cambio climático altera los patrones de lluvia y aumenta las sequías, el estrés hídrico es cada vez mayor.

Entre 2014 y 2018 y con el apoyo de WWF, el país dio un paso revolucionario en la gestión integral de los recursos hídricos. Se firmaron trece decretos presidenciales de “reservas de agua” en 295 cuencas en todo el país.

Esto significa que una proporción del volumen de agua que fluye por estas cuencas, se reserva para la naturaleza, así como para proporcionar agua para consumo humano y otras necesidades esenciales de la población local. En total, las reservas representan el 55% del agua superficial que se genera en México y pretenden garantizar la fuente de agua dulce para 45 millones de personas durante el próximo medio siglo.

WWF desempeñó un papel clave en determinar científicamente cuánta agua necesita fluir a través de cada cuenca para mantener a la naturaleza y satisfacer las necesidades de la población. Esto permitirá que el agua se administre de manera inteligente y justa, ahora y en el futuro.

Las reservas de agua también ayudarán a salvaguardar los ríos libres que quedan en México, como el Usumacinta, el río más caudaloso y con mayor biodiversidad de Centroamérica. Con la reserva de agua ahora se protege el 94% del agua superficial del Usumacinta, nutriendo a las comunidades, los bosques y la vida silvestre, como el maravilloso jaguar.
 

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS

Los ríos proporcionan agua potable a 2 mil millones de personas en todo el mundo y son vitales para la alimentación y el sustento de cientos de millones porque proporcionan agua para riego, mantienen la pesca de agua dulce y transportan nutrientes a algunas de las regiones agrícolas más importantes del mundo, así como sedimentos para mantener los deltas densamente poblados por encima del nivel del mar.

Pero nuestros ríos están en peligro. Las presas hidroeléctricas interrumpen su régimen de escurrimiento natural y bloquean el movimiento de especies migratorias. La agricultura, la industria y las ciudades consumen más agua de la que los ríos pueden abastecer y contaminan lo que queda. Solo un tercio de los ríos de más de 1,000 km de longitud sigue fluyendo libremente, y algunos se secan incluso antes de llegar al mar por el exceso de usos o por la infraestructura existente.

Por lo tanto, no sorprende que se hayan reducido las poblaciones de mamíferos de agua dulce, aves, reptiles, peces y anfibios en un 84% desde 1970.

Es urgente que muchas más personas de todo el mundo reconozcan el verdadero valor de los ríos y las amenazas que enfrentan. Necesitamos su apoyo para los esfuerzos en curso junto con los gobiernos los agricultores, las empresas, las comunidades y los científicos.

Estamos trabajando para mejorar la forma en cómo gestionar los ríos y otros ecosistemas de agua dulce. Estamos desafiando desarrollos destructivos como presas hidroeléctricas mal diseñadas y demostrando alternativas sostenibles. También estamos ayudando a que los ríos recuperen la salud mediante la modificación o eliminación de presas y otras estructuras artificiales, la restauración de humedales y llanuras aluviales y la protección de especies amenazadas como los delfines de río y el esturión.

Juntos podemos cambiarlo.

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Con tu apoyo, China, Singapur y otros gobiernos han prohibido el comercio de marfil.

PERO...

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Todavía se comercia ilegalmente con una gran variedad de vida silvestre, por un valor de unos 23.000 millones de dólares al año.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos


En las últimas décadas, hemos avanzado mucho para poner fin a la matanza de cerca de 20.000 elefantes para el comercio de marfil todos los años. Sin embargo, queda mucho por hacer si queremos impedir la extinción de estas magníficas criaturas.

Gracias a las iniciativas de WWF y muchas otras organizaciones, el comercio internacional de marfil quedó prohibido ya en 1989. Con todo, muchos países siguieron vendiendo este material dentro de su territorio nacional. Y, mientras haya demanda de marfil, habrá delincuentes sin escrúpulos que la satisfagan.

En los momentos de recrudecimiento de la caza furtiva en África, redoblamos nuestros esfuerzos para dar a conocer las dimensiones del problema. Así, a finales de 2016, logramos un hito decisivo al conseguir que China, el principal mercado del marfil del mundo, anunciase que prohibiría la venta nacional de este material en el plazo de un año.

Prevemos que Hong Kong y Singapur, otros dos grandes consumidores de marfil en la región, impondrán prohibiciones en 2021. Igualmente, otros países como el Reino Unido y Estados Unidos han promulgado prohibiciones al marfil, entre las cuales se incluyen restricciones en lo referente a las antigüedades (que se usan para «blanquear» el marfil de elefantes cazados furtivamente hace poco).

Aunque aún queda mucho por hacer para lograr el cierre de otros grandes mercados del marfil, sobre todo en el sudeste asiático, estas prohibiciones han enviado un mensaje claro: comprar marfil es inaceptable.
 

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS

Pese a que en los últimos informes disponibles se evidencia una caída de la caza furtiva de los elefantes africanos, estos animales no están fueran de peligro. Tampoco son, de lejos, la única especie amenazada por el tráfico ilegal de vida silvestre. El furtivismo de rinocerontes ha llegado a cotas espantosas alimentado por la demanda de sus cuernos. A los tigres y a los leopardos se los mata por su piel y otras partes de su cuerpo. Todos los años, se trafican cientos de miles de pangolines por sus escamas y su carne. La tala ilegal destruye los bosques. Más de 7000 especies en más de 120 países corren peligro a causa del comercio ilegal de vida silvestre.

Los delitos contra la flora y la fauna silvestres constituyen un negocio lucrativo que mueve hasta 23 trillones de dólares al año y que está en manos de redes de delincuencia organizada. Por fin, los Estados están tomando conciencia de la gravedad de la amenaza y, en años recientes, han presentado gran cantidad de resoluciones, iniciativas y compromisos nacionales e internacionales, en muchos de los cuales hemos participado activamente.

Aun así, sigue siendo necesario adoptar más medidas urgentes para hacer frente al comercio ilegal de vida silvestre. Debemos intensificar los esfuerzos para convencer a los consumidores de que rechacen los productos derivados de la flora o la fauna silvestres, prestar más apoyo a las comunidades que conviven con las especies en peligro y afinar las iniciativas para llevar las redes criminales internacionales ante la justicia.

Juntos podemos cambiarlo.

El progreso que hemos logrado juntos


En las últimas décadas, hemos avanzado mucho para poner fin a la matanza de cerca de 20.000 elefantes para el comercio de marfil todos los años. Sin embargo, queda mucho por hacer si queremos impedir la extinción de estas magníficas criaturas.

Gracias a las iniciativas de WWF y muchas otras organizaciones, el comercio internacional de marfil quedó prohibido ya en 1989. Con todo, muchos países siguieron vendiendo este material dentro de su territorio nacional. Y, mientras haya demanda de marfil, habrá delincuentes sin escrúpulos que la satisfagan.

En los momentos de recrudecimiento de la caza furtiva en África, redoblamos nuestros esfuerzos para dar a conocer las dimensiones del problema. Así, a finales de 2016, logramos un hito decisivo al conseguir que China, el principal mercado del marfil del mundo, anunciase que prohibiría la venta nacional de este material en el plazo de un año.

Prevemos que Hong Kong y Singapur, otros dos grandes consumidores de marfil en la región, impondrán prohibiciones en 2021. Igualmente, otros países como el Reino Unido y Estados Unidos han promulgado prohibiciones al marfil, entre las cuales se incluyen restricciones en lo referente a las antigüedades (que se usan para «blanquear» el marfil de elefantes cazados furtivamente hace poco).

Aunque aún queda mucho por hacer para lograr el cierre de otros grandes mercados del marfil, sobre todo en el sudeste asiático, estas prohibiciones han enviado un mensaje claro: comprar marfil es inaceptable.
 

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS

Pese a que en los últimos informes disponibles se evidencia una caída de la caza furtiva de los elefantes africanos, estos animales no están fueran de peligro. Tampoco son, de lejos, la única especie amenazada por el tráfico ilegal de vida silvestre. El furtivismo de rinocerontes ha llegado a cotas espantosas alimentado por la demanda de sus cuernos. A los tigres y a los leopardos se los mata por su piel y otras partes de su cuerpo. Todos los años, se trafican cientos de miles de pangolines por sus escamas y su carne. La tala ilegal destruye los bosques. Más de 7000 especies en más de 120 países corren peligro a causa del comercio ilegal de vida silvestre.

Los delitos contra la flora y la fauna silvestres constituyen un negocio lucrativo que mueve hasta 23 trillones de dólares al año y que está en manos de redes de delincuencia organizada. Por fin, los Estados están tomando conciencia de la gravedad de la amenaza y, en años recientes, han presentado gran cantidad de resoluciones, iniciativas y compromisos nacionales e internacionales, en muchos de los cuales hemos participado activamente.

Aun así, sigue siendo necesario adoptar más medidas urgentes para hacer frente al comercio ilegal de vida silvestre. Debemos intensificar los esfuerzos para convencer a los consumidores de que rechacen los productos derivados de la flora o la fauna silvestres, prestar más apoyo a las comunidades que conviven con las especies en peligro y afinar las iniciativas para llevar las redes criminales internacionales ante la justicia.

Juntos podemos cambiarlo.

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Con tu apoyo y el esfuerzo de gobiernos y comunidades, la población de tigres silvestres aumenta lentamente por primera vez en un siglo.

PERO...

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El furtivismo y las pérdida de hábitats siguen amenazando su futuro.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos


Hace apenas diez años, los tigres salvajes estaban al borde la extinción. Se calcula que el censo se había reducido de unos 100.000 a principios del siglo xx a la cifra sin precedentes de unos 3200, los cuales sobrevivían en pequeños focos de su territorio histórico, que solía extenderse por las praderas y los bosques del continente asiático. Pero la situación ha empezado a cambiar.

En 2010, los Gobiernos de los 13 países que comprenden el hábitat del tigre asumieron el compromiso TX2 para doblar la cantidad de tigres salvajes de cara a 2022: el año del tigre en el calendario chino. Poco después, siguió un plan de recuperación global y WWF, junto con diversos particulares, empresas, comunidades, administraciones y otros colaboradores del ámbito de la conservación, ha trabajado sin descanso para realizar este ambicioso proyecto.

Desde entonces, el número de tigres no ha dejado de crecer en Bután, China, India, Nepal y Rusia. Las poblaciones están aumentando en muchos entornos e incluso están colonizando nuevos terrenos, lo cual es excelente para las muchas especies, incluidos millones de seres humanos, que dependen de la salud del hábitat de estos animales.

Este éxito es fruto de muchos esfuerzos: la inversión en zonas protegidas; la elaboración de normas para la conservación mundial basadas en buenas prácticas (CA|TS) para gestionar los hábitats naturales del tigre, que ya se están implantando en más de 125 puntos; la reducción de la caza furtiva y las trabas al comercio de partes del cuerpo de los tigres (tanto cambiando el comportamiento de los consumidores y abordando las actividades delictivas, como contribuyendo a la eliminación paulatina de las explotaciones de tigres); y respaldando el papel crucial que desempeñan las comunidades en la protección de estos animales.
 

El desafío que aún enfrentamos

Desafortunadamente, los muchos peligros históricos que amenazan a los tigres — desde la parcelación y la destrucción de su hábitat natural, hasta el comercio ilegal de fauna salvaje— siguen vigentes. En efecto, estas amenazas están teniendo consecuencias especialmente negativas en los países del sudeste asiático.

En particular, la captura se ha convertido en un problema creciente en esta región tanto para los tigres como para otras especies silvestres de flora y fauna, incluyendo los animales de los que se alimentan. Por ejemplo, en uno de los principales entornos restantes en los que el tigre sobrevive en el sudeste asiático, Belum-Temengor en Malasia, la población de tigres disminuyó en un 50 % en el periodo de 2009 a 2018 en gran parte debido a la captura.

Sabemos cuáles son las soluciones para darle la vuelta a esta situación. Necesitamos más recursos para salvaguardar la flora y la fauna silvestres en las zonas protegidas; unas leyes y un cumplimiento normativo más estrictos para plantar cara a la compraventa ilegal de vida silvestre; mejores recursos para erradicar el furtivismo; y más campañas de concienciación y educación para acabar con la demanda de las partes del cuerpo de los tigres.

Juntos podemos cambiarlo.

El progreso que hemos logrado juntos


Hace apenas diez años, los tigres salvajes estaban al borde la extinción. Se calcula que el censo se había reducido de unos 100.000 a principios del siglo xx a la cifra sin precedentes de unos 3200, los cuales sobrevivían en pequeños focos de su territorio histórico, que solía extenderse por las praderas y los bosques del continente asiático. Pero la situación ha empezado a cambiar.

En 2010, los Gobiernos de los 13 países que comprenden el hábitat del tigre asumieron el compromiso TX2 para doblar la cantidad de tigres salvajes de cara a 2022: el año del tigre en el calendario chino. Poco después, siguió un plan de recuperación global y WWF, junto con diversos particulares, empresas, comunidades, administraciones y otros colaboradores del ámbito de la conservación, ha trabajado sin descanso para realizar este ambicioso proyecto.

Desde entonces, el número de tigres no ha dejado de crecer en Bután, China, India, Nepal y Rusia. Las poblaciones están aumentando en muchos entornos e incluso están colonizando nuevos terrenos, lo cual es excelente para las muchas especies, incluidos millones de seres humanos, que dependen de la salud del hábitat de estos animales.

Este éxito es fruto de muchos esfuerzos: la inversión en zonas protegidas; la elaboración de normas para la conservación mundial basadas en buenas prácticas (CA|TS) para gestionar los hábitats naturales del tigre, que ya se están implantando en más de 125 puntos; la reducción de la caza furtiva y las trabas al comercio de partes del cuerpo de los tigres (tanto cambiando el comportamiento de los consumidores y abordando las actividades delictivas, como contribuyendo a la eliminación paulatina de las explotaciones de tigres); y respaldando el papel crucial que desempeñan las comunidades en la protección de estos animales.
 

El desafío que aún enfrentamos

Desafortunadamente, los muchos peligros históricos que amenazan a los tigres — desde la parcelación y la destrucción de su hábitat natural, hasta el comercio ilegal de fauna salvaje— siguen vigentes. En efecto, estas amenazas están teniendo consecuencias especialmente negativas en los países del sudeste asiático.

En particular, la captura se ha convertido en un problema creciente en esta región tanto para los tigres como para otras especies silvestres de flora y fauna, incluyendo los animales de los que se alimentan. Por ejemplo, en uno de los principales entornos restantes en los que el tigre sobrevive en el sudeste asiático, Belum-Temengor en Malasia, la población de tigres disminuyó en un 50 % en el periodo de 2009 a 2018 en gran parte debido a la captura.

Sabemos cuáles son las soluciones para darle la vuelta a esta situación. Necesitamos más recursos para salvaguardar la flora y la fauna silvestres en las zonas protegidas; unas leyes y un cumplimiento normativo más estrictos para plantar cara a la compraventa ilegal de vida silvestre; mejores recursos para erradicar el furtivismo; y más campañas de concienciación y educación para acabar con la demanda de las partes del cuerpo de los tigres.

Juntos podemos cambiarlo.

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Con tu apoyo, trabajamos con el gobierno de Belice para prohibir la exploración petrolera alrededor de su frágil barrera de coral.

PERO...

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Los arrecifes de coral alrededor del mundo siguen siendo vulnerables al aumento de la temperatura del mar, la contaminación y el desarrollo costero.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.
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Con tu apoyo y el de las comunidades y gobiernos de África oriental y central, la población de gorilas de montaña ha aumentado un 25% en 10 años.

PERO...

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Las poblaciones mundiales de especies han sufrido un alarmante descenso medio del 68% en las últimas cinco décadas.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos 


Los gorilas de montaña solo viven en dos lugares: las montañas Virunga, en la confluencia entre la República Democrática del Congo, Ruanda y Uganda, y el Parque nacional de la Selva Impenetrable de Bwindi, en Uganda. En la actualidad, quedan poco más de mil gorilas en libertad; sin embargo, las perspectivas para estos tiernos gigantes son mucho más prometedoras que hace unas pocas décadas.

En 1991, pusimos en marcha el Programa Internacional de Conservación del Gorila (IGCP) con nuestros compañeros de African Wildlife Foundation y Flora and Fauna International. Gracias a la colaboración con las comunidades locales y los Gobiernos de esos tres países, hemos conseguido invertir el descenso del número de gorilas de montaña.

En efecto, en los censos periódicos se observa un crecimiento sostenido de ambas poblaciones: mientras que el grupo de Virunga, que en 2010 contaba con 480 individuos, ya ha superado los 600, la población de Bwindi ha pasado de los 400 en 2010 a los 459 en el último recuento en 2019.

La colaboración con los lugareños es una de las bases de nuestra labor de conservación de los gorilas. Así, apoyamos a las comunidades locales facilitándoles fuentes alternativas de combustible, agua y sustento con miras a aliviar la presión que recae en el hábitat boscoso de los gorilas. Por otro lado, el turismo ligado a estos animales, que en estos momentos está en punto muerto por el confinamiento derivado de la pandemia, supone un gran incentivo para la protección de esta especie, en tanto que representa una gran fuente de trabajo y ganancias para la población local, y de recaudación para las Administraciones nacionales.
 

El desafío que aún enfrentamos

Los gorilas de montaña son los únicos grandes simios cuyo censo crece en la actualidad. Las poblaciones de chimpancés, bonobos, orangutanes y otras subespecies de gorilas siguen en declive por culpa de las acciones de su pariente cercano: el Homo sapiens.

Lo mismo sucede con todos los grupos de especies. Según se observa en el Índice Planeta Vivo, en el que se recogen las tendencias relativas a casi 21.000 poblaciones de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces, el descenso medio es del 68 % desde 1970. Dicho de otro modo, hemos perdido casi dos tercios de la vida silvestre del planeta en menos de medio siglo.

Las iniciativas específicas de conservación, como los esfuerzos del IGCP para salvar a los gorilas de montaña, pueden cambiar la situación para una especie o una población concreta. Por eso, siguen siendo un pilar de nuestra labor. Pero, para salvar a toda la flora y la fauna silvestres del mundo, hemos de abordar las amenazas subyacentes.

Las principales causas del declive de las especies son la pérdida y la degradación de los hábitats naturales, la sobrexplotación, el cambio climático, las especies invasoras y la contaminación; todas son consecuencia de la actividad humana. Más concretamente, el modo en que producimos y consumimos alimentos y energía tiene enormes repercusiones.

A medida que la población humana aumente, las poblaciones de las demás especies con las que compartimos el planeta seguirán desapareciendo, a menos que rectifiquemos nuestra relación con la naturaleza.

Juntos podemos cambiarlo.

El progreso que hemos logrado juntos 


Los gorilas de montaña solo viven en dos lugares: las montañas Virunga, en la confluencia entre la República Democrática del Congo, Ruanda y Uganda, y el Parque nacional de la Selva Impenetrable de Bwindi, en Uganda. En la actualidad, quedan poco más de mil gorilas en libertad; sin embargo, las perspectivas para estos tiernos gigantes son mucho más prometedoras que hace unas pocas décadas.

En 1991, pusimos en marcha el Programa Internacional de Conservación del Gorila (IGCP) con nuestros compañeros de African Wildlife Foundation y Flora and Fauna International. Gracias a la colaboración con las comunidades locales y los Gobiernos de esos tres países, hemos conseguido invertir el descenso del número de gorilas de montaña.

En efecto, en los censos periódicos se observa un crecimiento sostenido de ambas poblaciones: mientras que el grupo de Virunga, que en 2010 contaba con 480 individuos, ya ha superado los 600, la población de Bwindi ha pasado de los 400 en 2010 a los 459 en el último recuento en 2019.

La colaboración con los lugareños es una de las bases de nuestra labor de conservación de los gorilas. Así, apoyamos a las comunidades locales facilitándoles fuentes alternativas de combustible, agua y sustento con miras a aliviar la presión que recae en el hábitat boscoso de los gorilas. Por otro lado, el turismo ligado a estos animales, que en estos momentos está en punto muerto por el confinamiento derivado de la pandemia, supone un gran incentivo para la protección de esta especie, en tanto que representa una gran fuente de trabajo y ganancias para la población local, y de recaudación para las Administraciones nacionales.
 

El desafío que aún enfrentamos

Los gorilas de montaña son los únicos grandes simios cuyo censo crece en la actualidad. Las poblaciones de chimpancés, bonobos, orangutanes y otras subespecies de gorilas siguen en declive por culpa de las acciones de su pariente cercano: el Homo sapiens.

Lo mismo sucede con todos los grupos de especies. Según se observa en el Índice Planeta Vivo, en el que se recogen las tendencias relativas a casi 21.000 poblaciones de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces, el descenso medio es del 68 % desde 1970. Dicho de otro modo, hemos perdido casi dos tercios de la vida silvestre del planeta en menos de medio siglo.

Las iniciativas específicas de conservación, como los esfuerzos del IGCP para salvar a los gorilas de montaña, pueden cambiar la situación para una especie o una población concreta. Por eso, siguen siendo un pilar de nuestra labor. Pero, para salvar a toda la flora y la fauna silvestres del mundo, hemos de abordar las amenazas subyacentes.

Las principales causas del declive de las especies son la pérdida y la degradación de los hábitats naturales, la sobrexplotación, el cambio climático, las especies invasoras y la contaminación; todas son consecuencia de la actividad humana. Más concretamente, el modo en que producimos y consumimos alimentos y energía tiene enormes repercusiones.

A medida que la población humana aumente, las poblaciones de las demás especies con las que compartimos el planeta seguirán desapareciendo, a menos que rectifiquemos nuestra relación con la naturaleza.

Juntos podemos cambiarlo.

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Con tu apoyo WWF está probando un sistema innovador de trazabilidad, utilizando tecnología de blockchain en el Océano Pacífico para ayudar a garantizar que el pescado que comemos sea sostenible.

PERO...

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Un tercio de las poblaciones de peces oceánicos del mundo ya están sobreexplotadas.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos 


Imagina que al comprar una lata de atún, pudieras escanear un código QR y obtener información instantánea que te diga exactamente dónde, cuándo y cómo se capturó el pescado que está dentro. Podrías estar seguro de que proviene de una fuente sostenible, sin causar daños a otras especies marinas, que no se han producido abusos contra los derechos humanos, ni trabajos esclavizantes a lo largo de la cadena de suministro.

Ese escenario está cerca de convertirse en realidad, gracias a un nuevo proyecto que hemos estado probando en el Océano Pacífico con nuestros socios tecnológicos ConsenSys y TraSeable, y la empresa de procesamiento y pesca de atún Sea Quest Fiji. Esta trazabilidad y transparencia podrían ayudar a erradicar la pesca ilegal e insostenible, mejorando las condiciones laborales en la industria del atún.

El proyecto utiliza tecnología blockchain para rastrear el pescado desde el barco que lo captura, pasando por la planta de procesamiento y, hasta, el distribuidor. Blockchain es la tecnología detrás de las monedas digitales como Bitcoin. A diferencia de los registros en papel, esta no se puede cambiar ni alterar, y la información es accesible para cualquier persona.

El siguiente paso será trabajar con los retailers para completar la cadena del “anzuelo al plato”. Y existe una gran oportunidad de utilizar la tecnología con otras pesquerías responsables.
 

El desafío que aún enfrentamos

Aunque algunas empresas como Sea Quest Fiji han realizado grandes esfuerzos para mejorar su sostenibilidad, alrededor de un tercio de las poblaciones de atún del mundo están sobreexplotadas. Ocurre lo mismo con otras especies de mariscos: según los datos más recientes, el 34% de todas las poblaciones de peces del mundo se han explotado más allá de los límites sostenibles, una proporción que se ha más que triplicado en el último medio siglo y sigue aumentando constantemente.

La disminución de las poblaciones de peces es una mala noticia para todo el ecosistema oceánico y para los cientos de millones de personas que dependen de la pesca para obtener alimentos e ingresos. Sin embargo, una mejor gestión ayudará a que las poblaciones de peces puedan recuperarse y seguir proporcionando alimentos, así como, los medios de vida necesarios para las generaciones venideras.

En el Perú, según estimaciones de la FAO, sólo en el 2015 se perdieron 360 millones de dólares por la pesca ilegal. Como respuesta, WWF en alianza con sus socios tecnológicos ha rastreado la ruta de un producto desde que se extrae hasta el consumidor final, con el objetivo de  articular y brindar soporte al sector público y privado. Casi 2 años después de iniciar este proyecto, se han registrado 4,000 viajes de pesca y más de 40 mil toneladas de producción, adicional al trabajo de promoción de buenas prácticas en esta actividad sobre la manipulación y liberación de megafauna.

Alrededor del mundo, abordamos el problema desde varios ángulos. Desde el Mediterráneo hasta Mozambique, apoyamos a las comunidades costeras para que pesquen de forma sostenible y, a conservar y restaurar los hábitats marinos. Estamos trabajando con los gobiernos para aumentar la protección del océano, fortalecer la gestión pesquera, reformar los subsidios que fomentan la sobrepesca y tomar medidas drásticas contra la pesca ilegal, no reglamentada y no declarada. Como siempre, estamos alentando a las empresas a que conozcan sus cadenas de suministro y solo compren mariscos de fuentes sostenibles.

Juntos, podemos cambiarlo.
 

El progreso que hemos logrado juntos 


Imagina que al comprar una lata de atún, pudieras escanear un código QR y obtener información instantánea que te diga exactamente dónde, cuándo y cómo se capturó el pescado que está dentro. Podrías estar seguro de que proviene de una fuente sostenible, sin causar daños a otras especies marinas, que no se han producido abusos contra los derechos humanos, ni trabajos esclavizantes a lo largo de la cadena de suministro.

Ese escenario está cerca de convertirse en realidad, gracias a un nuevo proyecto que hemos estado probando en el Océano Pacífico con nuestros socios tecnológicos ConsenSys y TraSeable, y la empresa de procesamiento y pesca de atún Sea Quest Fiji. Esta trazabilidad y transparencia podrían ayudar a erradicar la pesca ilegal e insostenible, mejorando las condiciones laborales en la industria del atún.

El proyecto utiliza tecnología blockchain para rastrear el pescado desde el barco que lo captura, pasando por la planta de procesamiento y, hasta, el distribuidor. Blockchain es la tecnología detrás de las monedas digitales como Bitcoin. A diferencia de los registros en papel, esta no se puede cambiar ni alterar, y la información es accesible para cualquier persona.

El siguiente paso será trabajar con los retailers para completar la cadena del “anzuelo al plato”. Y existe una gran oportunidad de utilizar la tecnología con otras pesquerías responsables.
 

El desafío que aún enfrentamos

Aunque algunas empresas como Sea Quest Fiji han realizado grandes esfuerzos para mejorar su sostenibilidad, alrededor de un tercio de las poblaciones de atún del mundo están sobreexplotadas. Ocurre lo mismo con otras especies de mariscos: según los datos más recientes, el 34% de todas las poblaciones de peces del mundo se han explotado más allá de los límites sostenibles, una proporción que se ha más que triplicado en el último medio siglo y sigue aumentando constantemente.

La disminución de las poblaciones de peces es una mala noticia para todo el ecosistema oceánico y para los cientos de millones de personas que dependen de la pesca para obtener alimentos e ingresos. Sin embargo, una mejor gestión ayudará a que las poblaciones de peces puedan recuperarse y seguir proporcionando alimentos, así como, los medios de vida necesarios para las generaciones venideras.

En el Perú, según estimaciones de la FAO, sólo en el 2015 se perdieron 360 millones de dólares por la pesca ilegal. Como respuesta, WWF en alianza con sus socios tecnológicos ha rastreado la ruta de un producto desde que se extrae hasta el consumidor final, con el objetivo de  articular y brindar soporte al sector público y privado. Casi 2 años después de iniciar este proyecto, se han registrado 4,000 viajes de pesca y más de 40 mil toneladas de producción, adicional al trabajo de promoción de buenas prácticas en esta actividad sobre la manipulación y liberación de megafauna.

Alrededor del mundo, abordamos el problema desde varios ángulos. Desde el Mediterráneo hasta Mozambique, apoyamos a las comunidades costeras para que pesquen de forma sostenible y, a conservar y restaurar los hábitats marinos. Estamos trabajando con los gobiernos para aumentar la protección del océano, fortalecer la gestión pesquera, reformar los subsidios que fomentan la sobrepesca y tomar medidas drásticas contra la pesca ilegal, no reglamentada y no declarada. Como siempre, estamos alentando a las empresas a que conozcan sus cadenas de suministro y solo compren mariscos de fuentes sostenibles.

Juntos, podemos cambiarlo.
 

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Con tu apoyo, el sector financiero está cambiando para mejor, para que las inversiones restauren la naturaleza en vez de destruirla.

PERO...

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Las inversiones sustentables continúan representando el 36% del mercado financiero global.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos 


El dinero hace girar el mundo… y también puede restaurar o destruir el futuro de nuestro planeta.

Imaginemos si los bancos, las compañías de seguros y otras instituciones financieras, como también los gobiernos, dejaran de apoyar proyectos y empresas que generan el cambio climático, contaminan el medio ambiente e impulsan la destrucción de la naturaleza - y, en cambio, pongan su dinero en financiar soluciones.

Ese es nuestro objetivo, y hay algunos avances visibles. En 2019, por ejemplo, una alianza de los mayores fondos de pensiones y aseguradoras del mundo - que ahora gestiona activos por un valor de más de US$5.1 mil millones - se comprometió a alinear sus carteras con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050. Los miembros de la Net-Zero Asset Owner Alliance se comprometieron a utilizar su influencia colectiva para transformar las empresas en las que invierten y apoyar una transición a una sociedad baja en carbono.

Es sólo una de una serie de iniciativas en las que estamos involucrados que tienen como objetivo utilizar el poder de las finanzas para el bien del planeta. Cada vez más, las instituciones financieras se están dando cuenta que las amenazas ambientales como el cambio climático, la deforestación y la escasez de agua presentan grandes riesgos financieros. Pero también reconocen que hay enormes oportunidades para invertir en áreas como las energías renovables, la eficiencia energética, la agricultura sostenible y soluciones basadas en la naturaleza para diversos desafíos globales.  
 

El desafío que aún enfrentamos 

Las inversiones sustentables tienen un valor mayor al de US$30 mil millones en todo el mundo, según los últimos datos. Es una gran cifra, y ha crecido rápido en los últimos años. Pero todavía representa sólo el 35,5% del total de las inversiones gestionadas por instituciones financieras.

En otras palabras, es más probable que los fondos de pensiones personales de millones de personas estén apoyando actividades que dejarán el planeta más pobre para cuando se jubilen. Si bien un número creciente de instituciones financieras están siendo más responsables, las empresas todavía pueden recaudar capital para perforar petróleo en el Ártico, extraer minerales en sitios naturales del Patrimonio Mundial o construir presas en ríos que fluyen libremente.

En última instancia, toda nuestra economía depende de la naturaleza. Los servicios que la naturaleza proporciona – desde suelo fértil y polinización, hasta protección contra inundaciones y purificación del aire – valen US$44 mil millones para la economía mundial cada año. Nos enfrentaremos a enormes costos económicos y pérdida de valor en los próximos años, a menos que el sistema financiero, y las empresas que apoya, reconozcan el verdadero valor de la naturaleza.

Juntos podemos cambiarlo.
 

El progreso que hemos logrado juntos 


El dinero hace girar el mundo… y también puede restaurar o destruir el futuro de nuestro planeta.

Imaginemos si los bancos, las compañías de seguros y otras instituciones financieras, como también los gobiernos, dejaran de apoyar proyectos y empresas que generan el cambio climático, contaminan el medio ambiente e impulsan la destrucción de la naturaleza - y, en cambio, pongan su dinero en financiar soluciones.

Ese es nuestro objetivo, y hay algunos avances visibles. En 2019, por ejemplo, una alianza de los mayores fondos de pensiones y aseguradoras del mundo - que ahora gestiona activos por un valor de más de US$5.1 mil millones - se comprometió a alinear sus carteras con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050. Los miembros de la Net-Zero Asset Owner Alliance se comprometieron a utilizar su influencia colectiva para transformar las empresas en las que invierten y apoyar una transición a una sociedad baja en carbono.

Es sólo una de una serie de iniciativas en las que estamos involucrados que tienen como objetivo utilizar el poder de las finanzas para el bien del planeta. Cada vez más, las instituciones financieras se están dando cuenta que las amenazas ambientales como el cambio climático, la deforestación y la escasez de agua presentan grandes riesgos financieros. Pero también reconocen que hay enormes oportunidades para invertir en áreas como las energías renovables, la eficiencia energética, la agricultura sostenible y soluciones basadas en la naturaleza para diversos desafíos globales.  
 

El desafío que aún enfrentamos 

Las inversiones sustentables tienen un valor mayor al de US$30 mil millones en todo el mundo, según los últimos datos. Es una gran cifra, y ha crecido rápido en los últimos años. Pero todavía representa sólo el 35,5% del total de las inversiones gestionadas por instituciones financieras.

En otras palabras, es más probable que los fondos de pensiones personales de millones de personas estén apoyando actividades que dejarán el planeta más pobre para cuando se jubilen. Si bien un número creciente de instituciones financieras están siendo más responsables, las empresas todavía pueden recaudar capital para perforar petróleo en el Ártico, extraer minerales en sitios naturales del Patrimonio Mundial o construir presas en ríos que fluyen libremente.

En última instancia, toda nuestra economía depende de la naturaleza. Los servicios que la naturaleza proporciona – desde suelo fértil y polinización, hasta protección contra inundaciones y purificación del aire – valen US$44 mil millones para la economía mundial cada año. Nos enfrentaremos a enormes costos económicos y pérdida de valor en los próximos años, a menos que el sistema financiero, y las empresas que apoya, reconozcan el verdadero valor de la naturaleza.

Juntos podemos cambiarlo.
 

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Con tu apoyo ayudamos a establecer la mayor área protegida oceánica del mundo, cubriendo 1,5 millones de kilómetros cuadrados, en aguas cercanas a la Antártida.

PERO...

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Actualmente, solo el 8% del océano está protegido.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos


El Mar de Ross, frente a la Antártida, es una de las zonas silvestres más prístinas del planeta, y estamos decididos a mantenerlo así.

En 2016, tras años de trabajo de WWF y muchos otros, los gobiernos acordaron crear el mayor plan de protección de los océanos del mundo en el Océano Austral. Un área de más de 1,5 millones de km2 frente a la Antártida -el tamaño de Francia, Alemania y España juntas- se ha reservado para la conservación. Más del 70% es una reserva marina totalmente protegida, y en el resto sólo se permite la pesca de investigación estrictamente controlada.

Las aguas y el hielo marino del Mar de Ross rebosan de vida. Sus aguas, ricas en nutrientes, producen enormes cantidades de krill y plancton, que a su vez dan sustento a innumerables peces, aves marinas, focas y ballenas: un increíble total de 16.000 especies. La zona alberga un tercio de los pingüinos de Adelia del mundo, una cuarta parte de los pingüinos emperador, un tercio de los petreles antárticos y más de la mitad de las focas de Weddell del Pacífico Sur.

La protección del Mar de Ross es un logro histórico, porque ha requerido el acuerdo de 24 países más la Unión Europea. Esto demuestra que los países pueden unirse para proteger el océano del que todos dependemos.
 

El desafío que aún enfrentamos

La reserva marina del Mar de Ross es grande, pero sólo cubre una pequeña parte del vasto océano mundial.

A pesar del gran aumento de las áreas marinas protegidas en los últimos años, sólo el 8% del océano está oficialmente protegido. Y sólo una fracción de esta área está bien gestionada, permitiéndose actividades perjudiciales en muchas zonas protegidas.
Queremos ver el 30% de la tierra y el mar debidamente protegidos para el 2030. La protección y la restauración de hábitats clave son formas poderosas de salvaguardar la preciada vida silvestre, sostener la pesca y construir defensas climáticas. 

La gente se beneficia, porque el cierre de algunas zonas de pesca en realidad conduce a un aumento de capturas en aguas cercanas a medida que las poblaciones de peces crecen, mientras que el turismo costero se beneficia de mares limpios y sanos.

Las zonas protegidas en los lugares adecuados, con una gestión eficaz, pueden aportar un triple beneficio en términos de aumento de las oportunidades de desarrollo sostenible para las comunidades costeras, la reducción de los efectos nocivos de la crisis climática, y el aumento de la resiliencia de los sistemas naturales del océano.

Trabajamos con los gobiernos, los científicos, la industria y las comunidades locales en todo el mundo, para identificar las zonas que necesitan protección y garantizar una buena administración, tanto para la naturaleza como para las personas.

Juntos, podemos cambiarlo.
 

El progreso que hemos logrado juntos


El Mar de Ross, frente a la Antártida, es una de las zonas silvestres más prístinas del planeta, y estamos decididos a mantenerlo así.

En 2016, tras años de trabajo de WWF y muchos otros, los gobiernos acordaron crear el mayor plan de protección de los océanos del mundo en el Océano Austral. Un área de más de 1,5 millones de km2 frente a la Antártida -el tamaño de Francia, Alemania y España juntas- se ha reservado para la conservación. Más del 70% es una reserva marina totalmente protegida, y en el resto sólo se permite la pesca de investigación estrictamente controlada.

Las aguas y el hielo marino del Mar de Ross rebosan de vida. Sus aguas, ricas en nutrientes, producen enormes cantidades de krill y plancton, que a su vez dan sustento a innumerables peces, aves marinas, focas y ballenas: un increíble total de 16.000 especies. La zona alberga un tercio de los pingüinos de Adelia del mundo, una cuarta parte de los pingüinos emperador, un tercio de los petreles antárticos y más de la mitad de las focas de Weddell del Pacífico Sur.

La protección del Mar de Ross es un logro histórico, porque ha requerido el acuerdo de 24 países más la Unión Europea. Esto demuestra que los países pueden unirse para proteger el océano del que todos dependemos.
 

El desafío que aún enfrentamos

La reserva marina del Mar de Ross es grande, pero sólo cubre una pequeña parte del vasto océano mundial.

A pesar del gran aumento de las áreas marinas protegidas en los últimos años, sólo el 8% del océano está oficialmente protegido. Y sólo una fracción de esta área está bien gestionada, permitiéndose actividades perjudiciales en muchas zonas protegidas.
Queremos ver el 30% de la tierra y el mar debidamente protegidos para el 2030. La protección y la restauración de hábitats clave son formas poderosas de salvaguardar la preciada vida silvestre, sostener la pesca y construir defensas climáticas. 

La gente se beneficia, porque el cierre de algunas zonas de pesca en realidad conduce a un aumento de capturas en aguas cercanas a medida que las poblaciones de peces crecen, mientras que el turismo costero se beneficia de mares limpios y sanos.

Las zonas protegidas en los lugares adecuados, con una gestión eficaz, pueden aportar un triple beneficio en términos de aumento de las oportunidades de desarrollo sostenible para las comunidades costeras, la reducción de los efectos nocivos de la crisis climática, y el aumento de la resiliencia de los sistemas naturales del océano.

Trabajamos con los gobiernos, los científicos, la industria y las comunidades locales en todo el mundo, para identificar las zonas que necesitan protección y garantizar una buena administración, tanto para la naturaleza como para las personas.

Juntos, podemos cambiarlo.
 

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Con tu apoyo y el de las comunidades y gobiernos, hemos protegido más de 100 millones de hectáreas de humedales alrededor del mundo.

PERO...

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Los humedales son sistemas de soporte vital para las personas y la vida silvestre, pero se están perdiendo 3 veces más rápido que los bosques.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos


Desde ríos y arrecifes hasta lagos y lagunas, marismas y manglares, el mundo necesita sus humedales. Ya sea proporcionando agua y protección contra inundaciones para las ciudades, asegurando los alimentos y los medios de vida de las comunidades locales, almacenando carbono o dando la bienvenida a millones de aves migratorias, los humedales son de vital importancia para las personas y la naturaleza.

La protección de los humedales siempre ha sido una parte central de nuestro trabajo. Una de nuestras primeras grandes historias de éxito en la década de 1960 fue obtener protección para las marismas de Doñana en España, uno de los hábitats de humedales más importantes de Europa. Desde entonces, hemos ayudado a proteger alrededor de 110 millones de hectáreas de humedales en todo el mundo, un área aproximadamente el doble del tamaño de España.

Somos un socio activo en la Convención de Ramsar, un tratado internacional para conservar los humedales del mundo que celebra su 50 aniversario en 2021. Más de 2.400 humedales de importancia internacional, conocidos como sitios Ramsar, que cubren más de 250 millones de hectáreas han sido designados bajo la convención, y nuestro apoyo ha jugado un papel en casi la mitad del área total.

Continuamos trabajando con los gobiernos para obtener protección para más humedales y trabajando activamente con socios locales para conservar, restaurar y administrar de manera sostenible los humedales en todo el mundo.
 

El desafío que aún enfrentamos

Muchos sitios Ramsar enfrentan serias amenazas y se necesita mucho más trabajo para asegurar que estén protegidos en la práctica y en el papel. Para el más del 80% de los humedales que no están protegidos, la situación es aún peor.

Se estima que la superficie de humedales del mundo se ha reducido en un 87% en la era moderna. Hemos destruido más de un tercio de nuestros humedales en el último medio siglo y seguimos perdiendo un 1,6% más cada año. Los hemos drenado, los hemos convertido en tierras de cultivo, hemos construido sobre ellos y los hemos drenado y desviado.

En el proceso, hemos perdido los servicios vitales que brindan, y hoy los necesitamos más que nunca. Los humedales juegan un papel importante tanto para limitar los impactos del cambio climático como para ayudarnos a adaptarnos a un clima más cálido e impredecible. También son cruciales para nuestra seguridad alimentaria y para el suministro de agua dulce, en un momento en que la escasez de agua ya afecta a alrededor de la mitad de la población mundial y está aumentando.

A medida que se han perdido los humedales, la biodiversidad de agua dulce ha experimentado descensos catastróficos. Las poblaciones de especies de agua dulce se han reducido en más de un 80% en promedio desde 1970, una caída aún mayor que entre las especies marinas y terrestres.

Con los humedales peligrosamente infravalorados, todavía queda mucho por hacer.

Juntos, podemos cambiarlo.
 

El progreso que hemos logrado juntos


Desde ríos y arrecifes hasta lagos y lagunas, marismas y manglares, el mundo necesita sus humedales. Ya sea proporcionando agua y protección contra inundaciones para las ciudades, asegurando los alimentos y los medios de vida de las comunidades locales, almacenando carbono o dando la bienvenida a millones de aves migratorias, los humedales son de vital importancia para las personas y la naturaleza.

La protección de los humedales siempre ha sido una parte central de nuestro trabajo. Una de nuestras primeras grandes historias de éxito en la década de 1960 fue obtener protección para las marismas de Doñana en España, uno de los hábitats de humedales más importantes de Europa. Desde entonces, hemos ayudado a proteger alrededor de 110 millones de hectáreas de humedales en todo el mundo, un área aproximadamente el doble del tamaño de España.

Somos un socio activo en la Convención de Ramsar, un tratado internacional para conservar los humedales del mundo que celebra su 50 aniversario en 2021. Más de 2.400 humedales de importancia internacional, conocidos como sitios Ramsar, que cubren más de 250 millones de hectáreas han sido designados bajo la convención, y nuestro apoyo ha jugado un papel en casi la mitad del área total.

Continuamos trabajando con los gobiernos para obtener protección para más humedales y trabajando activamente con socios locales para conservar, restaurar y administrar de manera sostenible los humedales en todo el mundo.
 

El desafío que aún enfrentamos

Muchos sitios Ramsar enfrentan serias amenazas y se necesita mucho más trabajo para asegurar que estén protegidos en la práctica y en el papel. Para el más del 80% de los humedales que no están protegidos, la situación es aún peor.

Se estima que la superficie de humedales del mundo se ha reducido en un 87% en la era moderna. Hemos destruido más de un tercio de nuestros humedales en el último medio siglo y seguimos perdiendo un 1,6% más cada año. Los hemos drenado, los hemos convertido en tierras de cultivo, hemos construido sobre ellos y los hemos drenado y desviado.

En el proceso, hemos perdido los servicios vitales que brindan, y hoy los necesitamos más que nunca. Los humedales juegan un papel importante tanto para limitar los impactos del cambio climático como para ayudarnos a adaptarnos a un clima más cálido e impredecible. También son cruciales para nuestra seguridad alimentaria y para el suministro de agua dulce, en un momento en que la escasez de agua ya afecta a alrededor de la mitad de la población mundial y está aumentando.

A medida que se han perdido los humedales, la biodiversidad de agua dulce ha experimentado descensos catastróficos. Las poblaciones de especies de agua dulce se han reducido en más de un 80% en promedio desde 1970, una caída aún mayor que entre las especies marinas y terrestres.

Con los humedales peligrosamente infravalorados, todavía queda mucho por hacer.

Juntos, podemos cambiarlo.
 

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Con tu apoyo, junto a los esfuerzos de personas dedicadas a la ciencia y a la política, demostramos que la naturaleza es vital para combatir la crisis climática.

PERO...

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La naturaleza puede ayudar a prevenir un catastrófico aumento de la temperatura global, solo si se frena su destrucción.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos 


La naturaleza tiene un papel esencial para solucionar la crisis climática. Proteger, restaurar y reconectar hábitats naturales puede ayudarnos a mantener los gases de efecto invernadero fuera de la atmósfera y limitar el aumento de la temperatura global, así como adaptarse a los impactos inevitables de la alteración del clima. También puede ayudar a detener la pérdida de biodiversidad y proporcionar alimentos, protección y medios de vida a millones de personas, muchas de las cuales se encuentran entre las más vulnerables de nuestra sociedad.

Cada vez más se reconoce la importancia de las soluciones basadas en la naturaleza para la crisis climática, y WWF ha desempeñado un papel importante en ello.

Los bosques son el ejemplo más conocido. Hay un acuerdo mundial de que tenemos que detener la deforestación - una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero - y plantar más árboles para que los bosques puedan seguir almacenando y absorbiendo carbono. Muchos países, particularmente en los trópicos, han hecho de la protección y restauración de los bosques un aspecto clave de sus planes nacionales de cambio climático.

Nuestros esfuerzos también ayudan a aumentar la comprensión y acción mundial para otros ecosistemas, desde humedales y pastizales hasta manglares y praderas de pastos marinos. Al igual que los bosques, son muy importantes para almacenar carbono y eliminarlo de la atmósfera, al mismo tiempo proporcionan hábitats para la naturaleza y beneficios para las personas.

También contribuimos a iniciativas basadas en la naturaleza que ayudan a las personas a resistir los impactos de la crisis climática. Desde esfuerzos de salvaguarda para los arrecifes de coral que protegen los asentamientos costeros de las tormentas, hasta los humedales y bosques que regulan las inundaciones y sequías.
 

Aún tenemos desafíos que enfrentar

Muchos gobiernos, empresas y comunidades aún no están tomando medidas a un ritmo y escala que necesitamos.

En lugar de aprovechar al máximo su capacidad para almacenar carbono, seguimos destruyendo bosques y otros ecosistemas más rápido que nunca. La deforestación tropical está aumentando, los humedales y manglares se están perdiendo a un ritmo acelerado, y otros ecosistemas como pastizales y sabanas están siendo arados para tierras de cultivo.

Nuestras acciones también están agravando los efectos del cambio climático en la naturaleza. Los bosques fragmentados son más vulnerables a los incendios, que son cada vez más frecuentes y feroces a medida que el planeta se calienta. Los arrecifes de coral, ya dañados por la sobrepesca y la contaminación, están luchando por sobrevivir en mares más calientes. La caída de las poblaciones de animales salvajes significa que algunos ecosistemas son menos resistentes y no pueden regenerarse naturalmente.

Necesitamos de manera urgente una acción conjunta para abordar la naturaleza y la crisis climática. Si somos inteligentes al respecto, podemos abordar la crisis climática de maneras que beneficien a las personas y la naturaleza. Pero cuanto más tiempo demoremos, más difícil será evitar un aumento catastrófico de la temperatura y daños devastadores a nuestros sistemas naturales que sustentan la vida.

Juntos podemos cambiarlo.
 

El progreso que hemos logrado juntos 


La naturaleza tiene un papel esencial para solucionar la crisis climática. Proteger, restaurar y reconectar hábitats naturales puede ayudarnos a mantener los gases de efecto invernadero fuera de la atmósfera y limitar el aumento de la temperatura global, así como adaptarse a los impactos inevitables de la alteración del clima. También puede ayudar a detener la pérdida de biodiversidad y proporcionar alimentos, protección y medios de vida a millones de personas, muchas de las cuales se encuentran entre las más vulnerables de nuestra sociedad.

Cada vez más se reconoce la importancia de las soluciones basadas en la naturaleza para la crisis climática, y WWF ha desempeñado un papel importante en ello.

Los bosques son el ejemplo más conocido. Hay un acuerdo mundial de que tenemos que detener la deforestación - una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero - y plantar más árboles para que los bosques puedan seguir almacenando y absorbiendo carbono. Muchos países, particularmente en los trópicos, han hecho de la protección y restauración de los bosques un aspecto clave de sus planes nacionales de cambio climático.

Nuestros esfuerzos también ayudan a aumentar la comprensión y acción mundial para otros ecosistemas, desde humedales y pastizales hasta manglares y praderas de pastos marinos. Al igual que los bosques, son muy importantes para almacenar carbono y eliminarlo de la atmósfera, al mismo tiempo proporcionan hábitats para la naturaleza y beneficios para las personas.

También contribuimos a iniciativas basadas en la naturaleza que ayudan a las personas a resistir los impactos de la crisis climática. Desde esfuerzos de salvaguarda para los arrecifes de coral que protegen los asentamientos costeros de las tormentas, hasta los humedales y bosques que regulan las inundaciones y sequías.
 

Aún tenemos desafíos que enfrentar

Muchos gobiernos, empresas y comunidades aún no están tomando medidas a un ritmo y escala que necesitamos.

En lugar de aprovechar al máximo su capacidad para almacenar carbono, seguimos destruyendo bosques y otros ecosistemas más rápido que nunca. La deforestación tropical está aumentando, los humedales y manglares se están perdiendo a un ritmo acelerado, y otros ecosistemas como pastizales y sabanas están siendo arados para tierras de cultivo.

Nuestras acciones también están agravando los efectos del cambio climático en la naturaleza. Los bosques fragmentados son más vulnerables a los incendios, que son cada vez más frecuentes y feroces a medida que el planeta se calienta. Los arrecifes de coral, ya dañados por la sobrepesca y la contaminación, están luchando por sobrevivir en mares más calientes. La caída de las poblaciones de animales salvajes significa que algunos ecosistemas son menos resistentes y no pueden regenerarse naturalmente.

Necesitamos de manera urgente una acción conjunta para abordar la naturaleza y la crisis climática. Si somos inteligentes al respecto, podemos abordar la crisis climática de maneras que beneficien a las personas y la naturaleza. Pero cuanto más tiempo demoremos, más difícil será evitar un aumento catastrófico de la temperatura y daños devastadores a nuestros sistemas naturales que sustentan la vida.

Juntos podemos cambiarlo.
 

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Con tu apoyo y la participación del gobierno y las comunidades locales, el número de pandas gigantes en la naturaleza ha aumentado en un 68% en los últimos 40 años.

PERO...

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Con una población de poco más de 1.800 individuos, los pandas siguen siendo vulnerables a los impactos de la pérdida y fragmentación de su hábitat.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

El progreso que hemos logrado juntos


Si hay un animal que todos asocian con WWF, es el panda gigante. Y estamos inmensamente orgullosos de haber participado en su recuperación.

Hemos estado en el corazón de la conservación de los pandas desde 1979, cuando nos convertimos en la primera organización internacional de conservación en ser invitada a trabajar en China. Los pandas gigantes alguna vez estuvieron muy extendidos en China y partes de Vietnam y Myanmar, pero la pérdida de hábitat causada por las actividades humanas se había cobrado un alto precio. Un censo en la década de 1980 situó la población total de pandas salvajes en solo 1.114, confinados a un puñado de sitios en el norte de China.

Trabajando con el gobierno chino, hemos ayudado a establecer una red de reservas de pandas para proteger su hábitat de bambú; en la actualidad, hay 67 reservas que cubren alrededor de 1.4 millones de hectáreas, que protegen alrededor de dos tercios de la población de pandas salvajes. También hemos trabajado con comunidades cercanas para reducir la presión de las personas sobre los pandas.

Estos esfuerzos realmente han dado sus frutos. El próximo censo de pandas a principios de la década del 2000 situó la población en 1.596 individuos, y esta había aumentado a 1.864 individuos en el último recuento de 2014. Este aumento del 17% en solo una década fue suficiente para que el panda fuera oficialmente eliminado de la lista de "Especies en peligro de extinción".
 

El desafío que aún enfrentamos

A pesar de su reciente recuperación, el panda gigante todavía se clasifica como "vulnerable". Con una población total de menos de 2.000 habitantes, su futuro depende de nuestro apoyo continuo.

Debido a que su hábitat se ha vuelto tan fragmentado, los pandas se dividen en muchos grupos o subpoblaciones más pequeñas, algunos de los cuales son muy reducidos y están en peligro de extinción localmente. Es un problema que podría empeorar a medida que se construyen nuevas carreteras, ferrocarriles u obras de infraestructura, que dificultan que los pandas puedan movilizarse para cruzarse.

La fragmentación también dificulta que los pandas se adapten a los cambios en su hábitat. El bambú muere naturalmente entre décadas, por lo que los pandas deben trasladarse a nuevas áreas. También es probable que el cambio climático reduzca el área de hábitat adecuado para el bambú.

Para que la población de pandas continúe creciendo, debemos mantener nuestros esfuerzos para proteger, restaurar y reconectar su hábitat. Eso incluye asegurarse de que las necesidades de los pandas se consideren en nuevos proyectos de infraestructura, crear corredores de vida silvestre y apoyar a las comunidades locales para desarrollar medios de vida sostenibles y fuentes alternativas de combustible para que no tengan que perturbar el hábitat de los pandas.

Juntos, podemos cambiarlo.

El progreso que hemos logrado juntos


Si hay un animal que todos asocian con WWF, es el panda gigante. Y estamos inmensamente orgullosos de haber participado en su recuperación.

Hemos estado en el corazón de la conservación de los pandas desde 1979, cuando nos convertimos en la primera organización internacional de conservación en ser invitada a trabajar en China. Los pandas gigantes alguna vez estuvieron muy extendidos en China y partes de Vietnam y Myanmar, pero la pérdida de hábitat causada por las actividades humanas se había cobrado un alto precio. Un censo en la década de 1980 situó la población total de pandas salvajes en solo 1.114, confinados a un puñado de sitios en el norte de China.

Trabajando con el gobierno chino, hemos ayudado a establecer una red de reservas de pandas para proteger su hábitat de bambú; en la actualidad, hay 67 reservas que cubren alrededor de 1.4 millones de hectáreas, que protegen alrededor de dos tercios de la población de pandas salvajes. También hemos trabajado con comunidades cercanas para reducir la presión de las personas sobre los pandas.

Estos esfuerzos realmente han dado sus frutos. El próximo censo de pandas a principios de la década del 2000 situó la población en 1.596 individuos, y esta había aumentado a 1.864 individuos en el último recuento de 2014. Este aumento del 17% en solo una década fue suficiente para que el panda fuera oficialmente eliminado de la lista de "Especies en peligro de extinción".
 

El desafío que aún enfrentamos

A pesar de su reciente recuperación, el panda gigante todavía se clasifica como "vulnerable". Con una población total de menos de 2.000 habitantes, su futuro depende de nuestro apoyo continuo.

Debido a que su hábitat se ha vuelto tan fragmentado, los pandas se dividen en muchos grupos o subpoblaciones más pequeñas, algunos de los cuales son muy reducidos y están en peligro de extinción localmente. Es un problema que podría empeorar a medida que se construyen nuevas carreteras, ferrocarriles u obras de infraestructura, que dificultan que los pandas puedan movilizarse para cruzarse.

La fragmentación también dificulta que los pandas se adapten a los cambios en su hábitat. El bambú muere naturalmente entre décadas, por lo que los pandas deben trasladarse a nuevas áreas. También es probable que el cambio climático reduzca el área de hábitat adecuado para el bambú.

Para que la población de pandas continúe creciendo, debemos mantener nuestros esfuerzos para proteger, restaurar y reconectar su hábitat. Eso incluye asegurarse de que las necesidades de los pandas se consideren en nuevos proyectos de infraestructura, crear corredores de vida silvestre y apoyar a las comunidades locales para desarrollar medios de vida sostenibles y fuentes alternativas de combustible para que no tengan que perturbar el hábitat de los pandas.

Juntos, podemos cambiarlo.

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