Enemigos ‘casi’ invisibles | WWF

Enemigos ‘casi’ invisibles

Posted on 01 June 2018    
Los efectos por exposición de las sustancias tóxicas son intensos. Pueden perjudicar aún más a animales en niveles altos de la cadena alimenticia.
© Dmitry Morgan / Flickr
Los humanos, así como los diferentes ecosistemas naturales, conviven de cerca con sustancias tóxicas responsables de enfermedades, daños ambientales y problemas generacionales. Informarse y educarse al respecto es parte de la solución*.

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Artículo publicado originalmente en la Revista WWF-Colombia: una herencia para el mundo. Edición número 01
 
Además del mercurio, uno de los químicos tóxicos para el ser humano sobre el que más se habla, existen múltiples sustancias que ponen en riesgo la salud pública y causan efectos adversos, en ocasiones irreversibles, en el medio ambiente. Estas van desde las más conocidas, como pesticidas, plastificantes e hidrocarburos, hasta otras con las que convivimos sin sospechar su toxicidad. Están el acetaminofén y la fluoxetina, dos medicamentos reportados entre los ‘contaminantes emergentes’.

Para Jesús Olivero Verbel, coordinador del Doctorado en Toxicología Ambiental de la Universidad de Cartagena, “todas las actividades humanas generan contaminantes que llegan al ambiente a través de vertimientos o emisiones directas e indirectas. La industria, la minería, los carros y la agricultura intensiva aportan la mayor parte. Sin embargo, en nuestra cotidianidad familiar o laboral también incorporamos muchos contaminantes emergentes a las aguas residuales”.

 Y es que muchos de los contaminantes que se acomodan en el ambiente tardan en disiparse, son resistentes al agua o no pueden ser descompuestos por bacterias en el suelo, el aire o las fuentes de agua y alimento. Cuando logran alojarse allí, es sencillo que pasen de un organismo a otro y que sus consecuencias se vuelvan casi imposibles de calcular.

En la vida diaria

El caso de los polímeros fluorados, un tipo de alterador hormonal presente en productos para el tratamiento de superficies de papel o textiles como antimanchas o pinturas, es preocupante. Al no degradarse, puede llegar a la sangre humana a través del agua ‘potable’, causando efectos tóxicos en los sistemas inmunológico y endocrino, e incluso tumores malignos.

En general estos alteradores, también llamados disruptores endocrinos (EDC, por su sigla en inglés), acarrean problemas para la salud. “Son tantos los químicos con los cuales convivimos que resulta complejo enumerar sus impactos y las mezclas en las que se encuentran. Los EDC, por ejemplo, están presentes en los envases plásticos, los líquidos para limpieza, el papel de las termoimpresoras y hasta en los productos para el pelo. Este grupo de sustancias ha sido vinculado, a través de evidencia sólida, a la diabetes, la obesidad, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas, y las alergias y el asma, entre otras”, afirma Olivero.

Pero las consecuencias no llegan hasta ahí. La toxicidad de ciertos productos trasciende generaciones y crea complicaciones en hijos y nietos de quienes han estado expuestos, en especial personas cuyas profesiones u oficios los obligan a permanecer en constante contacto con químicos nocivos. Para Olivero, la evidencia es abrumadora: “Un ejemplo lo constituye el uso frecuente de sprays para el pelo en mujeres embarazadas que frecuentan o trabajan en los salones de belleza. Los hijos de estas personas tienen un riesgo alto de nacer con hipospadia, un defecto en el que la abertura de la uretra está ubicada en la parte inferior del pene y no en la punta”.

Lo que se puede hacer

Los efectos de las sustancias tóxicas en la fauna y la flora, por exposición, son intensos. Pueden incrementarse y perjudicar aún más a animales en niveles altos de la cadena alimenticia, como el águila, los delfines de río, los atunes, los grandes bagres o algunos peces carnívoros, según explica Oliveros.

Añade que no es gratuito que los huevos de las garzas de la bahía de Cartagena posean cáscaras de un espesor inferior al que normalmente tienen en áreas no urbanas y no permeadas por la contaminación.

Ante el panorama, Jesús Olivero recomienda informase acerca de los productos  innecesarios o tóxicos. En internet existen bases de datos gratuitas que se encuentran fácilmente. También hay acciones puntuales: “Si dejáramos de botar a la basura las baterías, la toxicidad en los rellenos sanitarios, y por ende en los vertimientos asociados, disminuiría significativamente”, asegura.

Sacar de circulación a los buses obsoletos, no permitir la entrada de tractomulas a los centros urbanos y crear campañas para que hombres y mujeres no estén expuestos a tantos químicos, puede convertirse en una estrategia para prevenir múltiples casos de cáncer.

 
Artículo publicado originalmente en la Revista WWF-Colombia: una herencia para el mundo. Edición número 01

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Los efectos por exposición de las sustancias tóxicas son intensos. Pueden perjudicar aún más a animales en niveles altos de la cadena alimenticia.
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