Las áreas naturales protegidas son un recurso clave para la economía brasileña | WWF

Las áreas naturales protegidas son un recurso clave para la economía brasileña

Posted on 02 August 2018    
Fotos: Confluencia de los ríos Teles Pires y Juruena, formando el río Tapajós. Mato Grosso, Amazonas, Brasil
Confluencia de los ríos Teles Pires y Juruena, formando el río Tapajós. Mato Grosso, Amazonas, Brasil
© Zig Koch / WWF
Con unos ingresos que superan los R$ 1 800 millones, la madera es el principal producto de las actividades extractivas en Brasil
 
La creación de las áreas protegidas ​brasileñas ha evitado la emisión de más de 10,5 toneladas de carbono
 
El beneficio para los recursos hídricos influidos por la existencia de áreas protegidas es de R$ 59 800 millones anuales
 
Las áreas protegidas brasileñas son muy conocidas por su potencial turístico, con 11 millones de visitantes en los parques nacionales en 2017. No solo los parques nacionales, sino todas las áreas protegidas ​​pueden representar una importante contribución a la economía nacional. Actividades como la extracción de madera, la pesca, la generación de energía y la mitigación de los efectos del cambio climático son algunas de las áreas que podrían generar más riqueza y oportunidades de empleo en Brasil, si se realizara una mayor inversión en materia de gestión ambiental, principalmente en las áreas protegidas. Esos datos figuran en el libro «Quanto Vale o Verde: A Importância Econômica das Unidades de Conservação Brasileiras» (Cuánto vale el verde: La importancia económica de las áreas protegidas brasileñas), que se presenta en el IX Congreso Brasileño de Áreas Protegidas (CBUC), en Florianópolis.
 
Coordinado por Conservación Internacional (CI Brasil) en asociación con las Universidades Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y Federal Rural de Río de Janeiro (UFRRJ), el libro ha sido financiado por las siguientes organizaciones ambientales: CI-Brasil, FUNBIO, Fundación Grupo Boticário de Protección de la Naturaleza, Fundación SOS Mata Atlântica, Instituto Semeia y WWF Brasil. La publicación también cuenta con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente (MMA), el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) y el Instituto de Manejo y Certificación Forestal y Agrícola (Imaflora).
 
La publicación presenta los resultados de un estudio sobre la contribución que la protección de las áreas verdes puede aportar a la economía nacional a partir de los beneficios de los bienes y servicios ofrecidos efectiva o potencialmente por las áreas protegidas ​​brasileñas, teniendo en cuenta todas las regiones y biomas, entre 2006 y 2016. Entre ellos se cuentan los productos forestales, el uso público de las áreas protegidas, las reservas de carbono, la producción de agua, la protección de los suelos y la generación de ingresos fiscales para los municipios.
 
Según datos analizados por los investigadores, la falta de inversión en gestión ambiental hace que Brasil pierda oportunidades de negocios sostenibles a partir de sus áreas protegidas. Entre 2001 y 2014, se percibe una ligera tendencia de crecimiento del gasto ambiental del Gobierno federal, pero a partir de 2015 se dio una drástica reducción de los recursos.
 
Los recortes presupuestarios afectaron a la gestión ambiental con más intensidad que la media de los demás sectores de la gestión pública federal. Por ejemplo, el presupuesto del Ministerio de Medio Ambiente prácticamente se mantuvo estable en el nivel de los R$ 1 200 millones entre 2005 y 2013, mientras que los gastos de otros organismos federales crecieron significativamente. Así, por ejemplo, los cortes en los organismos relacionados con la gestión ambiental (ICMBio e IBAMA) ya empiezan a poner en peligro la continuidad de los servicios fundamentales prestados por esos órganos, como la fiscalización de la deforestación en la Amazonia Legal.
«La gran expansión de la actividad económica entre 2003 y 2016 supuso un aumento de las presiones ambientales, pero no se produjo un crecimiento significativo en el gasto en gestión ambiental en ese mismo período», destaca Carlos Eduardo Young, profesor de la UFRJ, coordinador del estudio.
 
En opinión de Rodrigo Medeiros, vicepresidente de Conservación Internacional y profesor de la UFRRJ y coordinador de la iniciativa, las áreas dedicadas a la conservación no son un obstáculo para el desarrollo económico y social. «El falso dilema del obstáculo se sustenta en la significativa carencia de datos e informaciones sistematizadas sobre el verdadero papel de las áreas protegidas en la provisión de bienes y servicios que contribuyen directa o indirectamente al desarrollo económico y social de Brasil. Con este estudio, pretendemos ofrecer información para enriquecer este debate.»
 
Según el estudio, la madera es el principal producto de las actividades extractivas en Brasil, habiendo generado en 2016 más de R$ 1 800 millones de ingresos, con una producción de 11,4 millones de metros cúbicos de madera. Sin embargo, la producción ha sufrido un descenso a lo largo de la última década, una situación que puede estar ligada a la falta de incentivos e inversiones en el sector. La continua deforestación también reduce las posibilidades de aprovechamiento de ese recurso, y la extracción de madera se redujo en un 36 % entre 2006 y 2016.
 
Las actividades extractivas son un elemento importante de la economía brasileña desde su fundación, con la explotación del árbol pau-brasil (palo Brasil), hasta los días actuales con la extracción de varios productos, en especial en la región Norte. Además, gran parte de esta actividad se lleva a cabo dentro de las áreas protegidas. En el estudio, se observaron los productos madereros, no madereros (asaí, castaña y caucho) y la pesca (pescado, gambas y cangrejo).
 
Las oportunidades de extracción sostenible parecen explotarse mejor en el caso de los productos no madereros, aunque con menores ingresos. Destaca el asaí, con un aumento de la producción del 112 % entre 2006 y 2016, mientras que la producción de castaña del Brasil aumentó en un 20,4 % en ese mismo período. En cambio, la extracción de caucho natural se redujo drásticamente, quedando limitado a un restringido conjunto de municipios en la Amazonia. Estas actividades tienen un importante impacto como complemento de la renta familiar de las personas que se dedican a actividades extractivas, lo cual pone de relieve la importancia de esa actividad para la inclusión social.
 
Por su parte, la actividad pesquera tiene un potencial en las áreas protegidas —pasibles de extracción— de R$ 562,6 millones para el pescado, R$ 40,5 millones para las gambas y R$ 18,4 millones para los cangrejos, suponiendo un total de R$ 621,5 millones de pesca. Esa producción real puede incrementarse tanto en volumen como en ingresos si se aplican políticas adecuadas.
 
Las visitas a las áreas protegidas siguen siendo un importante elemento de dinamización económica. En 2016 se registraron 17 millones de visitantes, con un impacto sobre la economía estimada de entre R$ 2 500 y R$ 6 100 millones anuales y la creación de entre 77 000 y 133 000 puestos de trabajo. Un aumento del 20 % en las visitas (otros 3,4 millones de visitantes anuales) supondría un impacto económico de entre R$ 500 y R$ 1 200 millones de reales, con un aumento asociado de entre 15 000 y 42 000 puestos de trabajo.
 
El estudio también calculó la contribución de las áreas protegidas ​​para evitar emisiones de carbono. Se calcula que la creación de las áreas protegidas brasileñas impidió la emisión de unas reservas totales de 10,5 GtCO2e, equivalente a 4,6 veces la emisión bruta brasileña del año 2016. El valor monetario de las reservas de carbono almacenadas se estimó en R$ 130 300 millones, lo que corresponde a unos flujos anuales de beneficio por conservación de entre R$ 3 900 y R$ 7 800 millones. Estos datos demuestran la importancia del establecimiento de esquemas de pagos por reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal (REDD+) que fomenten las inversiones en las áreas protegidas.
 
La publicación dedica cuatro capítulos a la contribución del Programa ARPA (Programa de Áreas Protegidas de la Amazonia), la mayor iniciativa de conservación de bosques tropicales del mundo. El Programa ARPA apoya más de 60 millones de hectáreas, casi el doble de la superficie de Alemania. El trabajo apunta que el valor estimado de las reservas de carbono conservadas por las áreas protegidas ​​con apoyo del programa alcanza los R$ 56 000 millones.
 
Otro punto fundamental de la contribución de las áreas protegidas se da en la transferencia del impuesto ICMS-Ecológico a los municipios que tenga áreas protegidas en su territorio. El análisis calculó la parte correspondiente de trece estados brasileños, con un valor estimado de R$ 776 millones para 2015, correspondiente al 44 % del flujo total de ICMS-E transferido en esos estados. El criterio contradictorio y la falta de divulgación de la política por algunos estados a los municipios dificultan la efectividad de este instrumento.
 
Agua y bosque
En cuanto a la protección de los ríos, las áreas protegidas de la Amazonia son las que más contribuyen a la generación hidroeléctrica. Sin embargo, las áreas protegidas del Bosque Atlántico también destacan en ese aspecto, debido a la gran concentración de centrales hidroeléctricas en ese bioma. Se calcula que la potencia instalada beneficiada por la presencia de áreas protegidas (unidades generadoras cuyas cuencas tienen como mínimo un 10 % de superficie cubierta por áreas protegidas) es de 47,0 GW.
 
Para el abastecimiento humano, las áreas protegidas del Bosque Atlántico destacan en la captación de agua (73 m3/s), puesto que la mayoría de la población brasileña (el 72 %) se concentra en este bioma. Pero la captación de agua para abastecimiento humano procedente de ríos que pasan por áreas protegidas también es relevante en la Amazonia (35 m3/s), el Cerrado (10 m3/s) y la Caatinga (10 m3/s).
 
En términos monetarios, el valor total de los beneficios generados por los recursos hídricos influidos por la presencia de áreas protegidas se estimó en R$ 59 800 millones anuales, distribuidos en términos de protección de ríos para generación hidroeléctrica (R$ 23 600 millones anuales), usos consuntivos (R$ 28 400 millones anuales) y erosión evitada (R$ 7 800 millones anuales).
 
Los datos de este estudio suponen un apoyo importante para los diversos acuerdos internacionales firmados por Brasil. Algunos de ellos, como el artículo 8 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y, más recientemente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), conceden una atención importante a las áreas protegidas. Los ODS 14 y 15, por ejemplo, dedican un conjunto ambicioso de metas a la conservación y protección de los ecosistemas costeros, marinos y terrestres y a la forma en que esos ambientes ofrecen condiciones para la mejora de las condiciones de vida en nuestro planeta.
 
Según las organizaciones que han financiado la publicación, para hacer posible un cambio de escenario «es fundamental revertir el marco actual de estrangulamiento financiero de la capacidad de gestión ambiental, así como los retrocesos en la legislación ambiental y el uso político de órganos de gestión ambiental. Invertir en la mejora y ampliación de las áreas protegidas ​​es una forma de obtener retornos sociales bastante superiores a las inversiones realizadas», concluyen.
 
En Brasil, se espera que se fortalezca el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNUC), con el objetivo de cumplir las metas del CDB en un Plan Estratégico para la Diversidad Biológica para el período de 2011 a 2020, las denominadas Metas de Aichi. Las áreas protegidas ​​cubren una parte significativa del territorio brasileño, protegiendo ecosistemas, especies y medios de vida de poblaciones tradicionales que garantizan la provisión de diversos servicios ecosistémicos esenciales para el bienestar de la humanidad. Solo en la esfera federal hay 333 áreas protegidas, que corresponden al 9 % del territorio continental y el 24 % del marino. En total, Brasil cuenta en la actualidad con 2 146 áreas protegidas (1 462 de Uso Sostenible y 684 de Protección Integral).
 
En la opinión del líder de la Iniciativa de Bosques del WWF, Marco Lentini, el estudio es un hito de la importancia de las áreas protegidas para el bienestar de la sociedad brasileña y mundial. «No sólo desde un punto de vista ambiental, como el papel de estas áreas en la retención de gases de efecto invernadero, la regulación del clima y la conservación de los recursos hídricos es extraordinaria, pero también desde un punto de vista económico, ya que productos como la madera, la castaña y el turismo pueden convertirse en una importante fuente de renta sostenible para las poblaciones de la Amazonia. Queda el llamado para ver las areas naturales protegidas como un importante componente del desarrollo social, económico y ambiental y fundamentales para el futuro del país», concluye Lentini.
 
Portavoz de WWF:
Marco Lentini, Iniciativa de Bosques de WWF
 
Para más información contacte:
Denise Oliveira, directora de Campañas, WWF-Brasil
Deniseoliveira@wwf.org.br
+55 61 99969-7627
 
 
Sobre el IX CBUC
El IX Congreso Brasileño de Áreas Protegidas (CBUC), que desde 1997 realiza periódicamente la Fundación Grupo Boticario de Protección de la Naturaleza, es uno de los foros más importantes de América Latina sobre las áreas protegidas, sus desafíos y su importancia para la sociedad. Este año, en su novena edición, el evento se celebra en Florianópolis, del 31 de julio al 2 de agosto de 2018, y tiene como tema «Futuros Posibles: Economía y Naturaleza».
Fotos: Confluencia de los ríos Teles Pires y Juruena, formando el río Tapajós. Mato Grosso, Amazonas, Brasil
Confluencia de los ríos Teles Pires y Juruena, formando el río Tapajós. Mato Grosso, Amazonas, Brasil
© Zig Koch / WWF Enlarge

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