Después de apagar la luz
Porque más allá del llamado a apagar las luces y aparatos eléctricos no esenciales por una hora, rápidamente esta iniciativa global logró sintonizar con la necesidad de comprometer acciones concretas y permanentes. Así, pasamos de una campaña de sensibilización pública y de invitación al simple gesto de apagar la luz para mostrar preocupación por el cambio climático, a la búsqueda de acciones reales y responsables con nuestro entorno.
Ejemplos de ello hay muchos, desde un liceo en la pequeña comuna de Máfil que se comprometió a apagar los computadores de su sala de informática durante el horario de almuerzo, hasta la recolección de 120 mil firmas en Rusia solicitando al Gobierno la aprobación de una ley para proteger sus mares de la contaminación petrolera.
El próximo 23 de marzo, cuando celebremos una nueva Hora del Planeta, esperamos contar con los compromisos de miles de chilenas y chilenos, ciudadanos, instituciones, organizaciones y empresas que estén dispuestos a darle un respiro a la Tierra y asumir conductas amigables con el medio ambiente durante todos los días del año. Porque la suma de todos los cambios individuales puede marcar una gran diferencia.
Paralelamente, también tendremos la vista puesta en buscar transformaciones a mayor escala, cambios que puedan marcar un antes y un después para algunos de los ecosistemas más frágiles de nuestro país.
Sin duda se trata de un trabajo a largo plazo, pero la fuerza y el entusiasmo que enciende cada año La Hora del Planeta nos dará el empujón necesario para cumplir metas más ambiciosas. Porque apagar la luz es simplemente el primer paso y necesitamos del compromiso y el apoyo de muchos para comenzar con el cambio real.

