Comercio insostenible de vida silvestre en la Amazonía

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Loro Guatemala o Loro corona azul en una jaula para su transporte. Guyana francesa
© WWF-Canon / Roger Leguen

Acabando con la vida silvestre de la Amazonía

La Amazonía es el hogar de diferentes clases de depredadores, como águilas harpías y jaguares. Pero el más peligroso de todos, por supuesto, tiene dos piernas, un rifle, y trampas.

Como en Asia y África, muchas especies están sujetas al comercio. Mientras la presión de la población humana sobre los recursos naturales en Suramérica no se percibe tan marcada como en otros continentes, el tráfico de vida silvestre sigue siendo un asunto serio.

El uso de la vida silvestre por los seres humanos no es nada nuevo. En Suramérica, la tenencia y el uso de animales se han ejercido por mucho tiempo por personas indígenas. Los Incas en Perú solían comercializar animales silvestres como caimanes y anacondas de la Amazonía, pero esta actividad se incrementó con el inicio de la explotación europea en la región1.

El problema del comercio de vida silvestre

El comercio de vida silvestre no siempre es un problema y la mayor parte de éste es legal. Sin embargo, es potencialmente muy perjudicial.

Quizá el problema más evidente relacionado con el comercio de vida silvestre es que puede provocar la sobrexplotación hasta el punto en que la supervivencia de una especie pende de un hilo.

Históricamente, esta sobrexplotación ha provocado la extinción o amenazado gravemente a especies y, a medida que las poblaciones humanas se han expandido, la demanda de vida silvestre sólo se ha incrementado.

Entérese de más

El comercio de vida silvestre en el submundo de la Amazonía

El comercio de vida silvestre puede tomar muchas formas e involucra a varios actores. Los traficantes principales (por lo general europeos, estadounidenses y asiáticos) colaboran con una red de comerciantes y abastecedores en los países donde se venden los animales, y en los países donde se encuentran los animales en sus hábitats2.

En la Amazonía de Brasil, las especies silvestres son cazadas en el bosque por personas indígenas, a menudo incentivadas por traficantes para cazar especies en peligro de extinción y venderles sus pieles y otros productos3, buscadores de oro, campesinos, agricultores y ganaderos, quienes complementan sus ingresos a través de esta actividad ilegal4.

La cadena del comercio de vida silvestre

Vivos o muertos, los animales silvestres pasan a manos de intermediarios, incluido barqueros, agricultores y conductores de camiones y autobuses. Al inicio de la cadena de comercio están los pequeños y medianos traficantes, con conexiones a traficantes principales que operan dentro del país y el extranjero5. Así, algunos animales silvestres son exportados a Europa, Asia y Estados Unidos a través de los principales puertos y aeropuertos6, mientras que el resto es utilizado a nivel local.

Las fronteras distantes entre los países amazónicos son lugares ideales para que los traficantes exporten animales silvestres7. Las investigaciones han demostrado que algunas veces, los traficantes “lavan” animales silvestres a través de zoológicos o supuestas instituciones de crianza comercial o “científica/de conservación”, legales o ilegales, que proporcionan certificados falsos garantizando que los animales nacieron en cautiverio lo que les permite ser importados o exportados8.
 / ©: WWF - Canon / Leonardo
LA CERDA
© WWF - Canon / Leonardo
Jaguar ( Panthera Onca) asesinado por cazadores furtivos, Parque Nacional del Jaú, Brasil.
El comercio ilegal de animales silvestres ha sido relacionado con otros tipos de actividades ilegales como drogas, armamento, alcohol y piedras preciosas.

Trampas del comercio

Debido a que los traficantes intentan disimular o esconder a los animales, con frecuencia éstos son transportados de formas perjudiciales para su bienestar, guardados en áreas muy pequeñas ocasionándoles lesiones o asfixia.
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Mercado Ver-O-Peso.
© WWF-Canon / Juan PRATGINESTOS
¿Por qué está creciendo el comercio de vida silvestre?
  • Se obtienen buenas ganancias al final de la cadena de comercio.
  • Mientras que las autoridades toman medidas duras contra el tráfico de drogas, los comerciantes pueden pasar al tráfico de animales silvestres, buenas ganancias y menos riesgo de inspección.
  • En muchos lugares del mundo, las autoridades aun consideran el comercio ilegal de vida silvestre, un crimen menor. Como resultado, se asignan pocos recursos para luchar contra este comercio y las penas son leves o no son respetadas.
  • Existe a menudo una capacidad limitada para implementar normas para la disminución del comercio ilegal de vida silvestre. A falta de voluntad política y fondos para proteger la vida silvestre, existen pocos incentivos para el uso sostenible y esfuerzos de conservación.
Lo que se caza
  • Aves: Las aves en la Amazonía son objetivos principales para los traficantes. Algunos son vendidos vivos, mientras que otros son sacrificados para obtener plumas, pieles y otras partes del cuerpo. Sus huevos también son comercializados. Algunas de las aves más comercializadas incluyen gorriones (mercado brasilero), mientras que los coleccionistas extranjeros prefieren, por ejemplo, el guacamayo de barba azul y el guacamayo jacinto azul, apreciados por su color azul brillante, gran tamaño, inteligencia y singularidad13.
  • Reptiles: Estos animales son altamente valiosos por sus pieles. Las pieles de cocodrilo, serpientes y lagartos son utilizadas para zapatos, bolsos, ropa, maletas, correas, etc14. Los reptiles vivos también son mascotas populares. En los últimos diez años, la demanda mundial de reptiles por parte de las tiendas de mascotas, instituciones educativas y científicas, zoológicos, acuarios, así como para alimento, se ha incrementado de manera dramática.
  • Mamíferos: De todas las especies de mamíferos de América comercializadas, 95% se encuentran en Brasil, uno de los proveedores principales de primates junto con las Guyanas y Perú16.
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1 Redford, K.H. 1992. The empty forest. BioScience, 42(6): p. 412-422.
2Le Duc, J.P. 1996. Trafficking in animals and plants: a lucrative form of crime. International Criminal Police. ICPO n° 458/459: p. 19-31.
3Seerger, A. 1982. Native Americans and the conservation of flora and fauna in Brazil. In: Socio-economic Effects and Constraints in Tropical Forest Management, John Wiley e Sons Ltda.; p. 177-190
4Renctas. 2001. 1st National Report on Wild Fauna Traffic. Brasília - Brazil. 108 p
5Renctas. 2001. 1st National Report on Wild Fauna Traffic. Brasília - Brazil. 108 p
6RENCTAS .1999. Animais Silvestres: normatização e controle. Rede Nacional Contra o Tráfico de Animais Silvestres, Rio de Janeiro.
7Renctas. 2001. 1st National Report on Wild Fauna Traffic. Brasília - Brazil. 108 p
8Renctas. 2001. 1st National Report on Wild Fauna Traffic. Brasília - Brazil. 108 p
9Sick, H. 1997a. Ornitologia brasileira. Nova Fronteira, Rio de Janeiro, p.912.
10Lopes, P.R.D. 1991. Comércio de animais silvestres. Bioikos 5(1): p.49-56.
11Le Duc, J.P. 1996. Trafficking in animals and plants: a lucrative form of crime. International Criminal Police. ICPO n° 458/459: p. 19-31.
12Ortiz-Von Halle, B. 2001. Perspectivas sobre el comercio ilegal de fauna en América del Sur - TRAFFIC. Presented in the 1st South-American Conference on the Illegal Trade of Wild Animals, August 17-21, Brasília, Brazil.
13 WWF-UK. Undated. Threatened parrots - a global picture. www.wwf.org.uk
14Le Duc, J.P. 1996. Trafficking in animals and plants: a lucrative form of crime. International Criminal Police. ICPO n° 458/459: p. 19-31
15Renctas. 2001. 1st National Report on Wild Fauna Traffic. Brasília - Brazil. 108 p.
16Hemley, G. and Fuller K.S. 1994. International Wildlife Trade: a CITES Sourcebook. WWF/Island Press, Washington, p. 166.
17SEPLAN/CNPQ. 1982. Recursos Naturais Faunísticos. SEPLAN/CNPQ, Brasília, p. 30.
18Mack, D. & Mittermeier, R.A. 1984. The International Primate Trade: summary, update and conclusions. In: The International Primate Trade, v.1, TRAFFIC (USA), Washington, pp. 181-185.
19Fitzgerald, S. 1989. International Wildlife Trade: Whose business is it? World Wildlife Fund, Baltimore, p. 459.

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