Situación actual

Las primeras tortugas marinas evolucionaron hace aproximadamente 110 millones de años (Meylan & Meylan, 1999). Es un grupo de animales sumamente exitoso, que sobrevivió a la extinción de los dinosaurios y se ha distribuido en todos los océanos del planeta. Los científicos las consideran especies indicadoras; el tamaño y la salud de las poblaciones de tortugas marinas proporcionan una indicación de la salud general del mar y la costa (Bjorndal & Bolten, 2003).
En las Américas existen poblaciones desovadoras de seis especies de tortugas marinas de las siete que aún existen en el mundo - la tortuga laúd o baula Dermochelys coriacea, la tortuga verde, blanca o negra Chelonia mydas, la tortuga de carey Eretmochelys imbricata, la tortuga cabezona o caguama Caretta caretta, la tortuga golfina o lora Lepidochelys olivacea y la tortuga lora Lepidochelys kempii. Además, las aguas costeras y pelágicas alrededor del continente americano ofrecen numerosos corredores migratorios y amplias zonas de alimentación para estas seis especies.

Aunque las poblaciones de tortugas marinas en las Américas se mantenían saludables hasta hace 500 años (Jackson, 1997), ahora las seis especies están amenazadas. De acuerdo a la clasificación  de la UICN tres de ellas se encuentran en peligro de extinción y tres en peligro crítico de desaparecer (UICN, 2002). Se estima que especies como la tortuga verde ha declinado en 37% a 61% desde 1860 (Seminoff 2002) y la tortuga de carey, por ejemplo, ha declinado en más de un 80% en los últimos 105 años (Meylan & Donnelly 1999).

Las principales causas de la drástica disminución de las poblaciones de tortugas marinas han sido la explotación humana de sus huevos, carne y caparazón para subsistencia y comercio. En décadas recientes, amenazas adicionales a la sobrevivencia de las tortugas marinas han sido la captura incidental en las pesquerías de palangre y camarón, la contaminación y la destrucción de hábitats (Lutcavage et al., 1997).

Además de ser utilizadas por comunidades costeras como fuente de alimento e ingresos por la venta de productos de tortugas marinas, durante los últimos años estos reptiles han adquirido un gran valor económico en varios países de las Américas como atracción ecoturística. Miles de personas visitan cada año las playas de anidación para observar el desove de las tortugas marinas. Así, estos animales han sido un eje de desarrollo para varias comunidades americanas.

Las tortugas marinas cumplen papeles ecológicos importantes en ecosistemas tan diversos como los arrecifes coralinos (Leon & Bjorndal, 2002) y los pastos marinos (Bjorndal, 1997) y transportan energía entre el mar y hábitats terrestres tales como playas de anidación y sus alrededores (Bouchard & Bjorndal, 2000). Su desaparición podría afectar seriamente a otras especies de flora y fauna que dependen de las tortugas marinas y sus huevos para su propia supervivencia.

El ciclo de vida complejo de las tortugas marinas con varios hábitats de desarrollo y migraciones de cientos o miles de kilómetros entre zonas de alimentación y las playas de desove, hace difícil su gestión y expone a las tortugas a impactos diversos sobre una escala geográfica muy amplia (Meylan & Meylan, 1999).

Así, las tortugas marinas representan recursos compartidos entre las naciones del continente americano pues estas especies utilizan las aguas de más de un país durante su ciclo de vida. Los esfuerzos de conservación sobre la población de tortugas en un país pueden perjudicarse o beneficiarse por las actividades en otro país. La cooperación internacional es imprescindible para lograr un manejo eficiente que asegure la sobrevivencia de estos antiguos reptiles y la sostenibilidad de los beneficios económicos que proveen a los pueblos del continente.