Un nuevo camino después de HidroAysén



Posted on 29 junio 2014
Ricardo Bosshard, Director de WWF Chile
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Ha habido muchos hitos en los últimos años referentes a la discusión de la generación energética y de los proyectos en particular, los cuales no han logrado conseguir un consenso social para ser desarrollados. HidroAysén es un caso emblemático en la falta de una discusión previa al respecto, abierta y participativa, y esperamos que a partir de las lecciones que ha dejado marque un cambio cultural respecto a cómo abordar los grandes proyectos y cómo planificar sustentablemente y con consenso social el destino de los distintos paisajes y ecosistemas del país.

En esta perspectiva, existen varios aspectos cruciales, que no deben volver a ser pasados por alto: en primer lugar, es clave un acuerdo sobre cuáles son las cosas que los chilenos no queremos perder. En segundo punto, ya pensando un proyecto en un territorio, es importante un diálogo temprano para determinar si los impactos después de los planes de mitigación son aceptables para todos los actores. Finalmente, se debe establecer un reparto equitativo de los costos y beneficios del proyecto.

Sobre el primer asunto, el ordenamiento territorial, que ha generado polémica en las últimas semanas, permítanme explicarlo con un ejemplo: el rafting. A nadie que se le consulte sugerirá que intervengamos todos los ríos y no quede ninguna sección navegable. Por otro lado, no he conocido a nadie que sostenga que sea necesario preservar el 100% de los ríos navegables de Chile para rafting. Hasta ahí estamos todos de acuerdo. Pero luego viene la pregunta difícil: cuántos tramos de río queremos conservar en Chile (lo que llamamos la meta de conservación) y dónde debemos conservarlos (ubicación espacial). El resultado es un mapa donde están las mejores zonas para esta actividad, y que debiéramos preocuparnos de conservar. Para lograr un futuro ordenamiento territorial, debemos realizar este ejercicio para todos los principales valores ambientales y socioculturales. El resultado sería un mapa de Chile que indique aquellos lugares con mayor agregación de valores de conservación, lo cual entregará una guía para el desarrollo o no desarrollo de los proyectos, lo que es distinto a determinar “zonas de sacrificio”.

Con esta información en mano, se pueden sentar a la mesa los actores de un territorio, con el fin de realizar una discusión temprana respecto a cada nueva iniciativa que se quiera impulsar, diálogo que debería ser propiciado por la autoridad y donde el impulsor del proyecto puede explicar a los actores su idea antes de invertir grandes sumas de dinero. En esta etapa, se pueden discutir los grandes impactos, si es posible mitigarlos, o simplemente se puede determinar que el territorio no es capaz de absorber dicho proyecto.

En caso de lograr acuerdo, el mandante puede desarrollar entonces el plan de mitigaciones y compensaciones, basado en las mejores prácticas mundiales, ojalá apuntando a una certificación aceptada internacionalmente.
Por tanto, metodologías existen y se han desarrollado en muchos lugares del mundo. Esperamos entonces que podamos sacar las lecciones correctas y no solo diseñemos un proceso que logre los consensos necesarios para grandes proyectos, sino que efectivamente estos mecanismos sean implementados.
Ricardo Bosshard, Director de WWF Chile
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