¿Por qué nos importa el clima? | WWF

¿Por qué nos importa el clima?


La temperatura media global de la superficie fue 0,8ºC más cálida durante la primera década del siglo XXI que durante la primera década del siglo XX, y el calentamiento más importante se ha producido durante los últimos 30 años. Según el Consejo Nacional de Investigación (CNI) de las Academias Nacionales de EE.UU., “las últimas décadas han sido más cálidas que cualquier otro periodo comparable durante al menos los últimos 400 años, y posiblemente de los últimos 1.000 años o más” (Consejo Nacional de Investigación, 2010).  
 

2º C

En la COP de Cancún de 2010 se llegó a un consenso político de que la Tierra no debe calentarse más de 2ºC en relación con la temperatura preindustrial. Este límite marca la línea entre un clima cambiante al que podemos adaptarnos y un desajuste climático de consecuencias imprevisibles y sin opción de retorno.
 

Las CAUSAS del calentamiento

El principal culpable del calentamiento global a largo plazo es el aumento de las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, especialmente el dióxido de carbono (CO2) procedente del uso de combustibles fósiles. Una cantidad menor adicional de gases de efecto invernadero procede de la deforestación y otros cambios del uso de la tierra y su cobertura.  

Las emisiones de CO2 procedentes de los combustibles fósiles han aumentado desde la revolución industrial (es decir, desde mediados de 1700) y, en los años 50, la concentración atmosférica de CO2 había aumentado de 284 partes por millón (ppm) a 300 ppm respecto a los niveles preindustriales, el nivel más alto en al menos 800.000 años (Luthi et al., 2008). En el año 2010 las emisiones de CO2 procedentes de los combustibles fósiles se elevaron hasta el nivel más alto de la historia: 9.100 millones de toneladas de carbono (Oak Ridge National Laboratory, 2011), y las concentraciones atmosféricas han seguido el ejemplo alcanzando 388,5 ppm ese año y 390,5 ppm en 2011 (NOAA/ESRL).

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Lo que siempre quisiste saber del cambio climático

 
	© WWF Colombia

El Ártico se calienta rápidamente, el hielo marino se reduce precipitadamente

Polar bears with cubs © WWF
Las temperaturas han aumentado rápidamente en el Ártico desde finales de los años 70 y el récord se registró en 2011 (Figura 52). El calentamiento está conduciendo a un descenso precipitado del hielo marino ártico, que alcanzó su segunda menor extensión registrada por satélite en septiembre de 2011, muy cerca del récord establecido en 2007. Al mismo tiempo, el volumen de hielo marino ártico cayó en 2011 hasta su nivel más bajo registrado. Esta disminución no tiene precedentes en los últimos 1.450 años (Kinnard et al., 2011). El rápido descenso del hielo marino ha afectado negativamente a la gente que vive y trabaja en el Ártico, así como a su fauna salvaje, incluyendo osos polares y morsas. Este hecho, combinado con el aumento de la temperatura de la superficie marina, está afectando también a los patrones meteorológicos desde el Ártico hasta latitudes medias (USGCRP, 2009; Jaiser et al., 2012). 

Sequías extremas en el Amazonas

Jaguar in a tree, The Amazon Forest, Brazil. © WWF
En 2009 WWF identificó la probabilidad de sequías extremas más frecuentes en el Amazonas y el marchitamiento asociado de los bosques tropicales como uno de los “puntos críticos” de las próximas décadas debido al cambio climático, con “impactos significativos en la primera mitad de este siglo” (Lenton et al., 2009). Al año siguiente, en 2010, otra sequía extraordinaria afectó a la región incluso con una mayor cantidad de emisiones, estimadas entre 1,2 y 3,4 Gt de carbono. “Las dos últimas sequías del Amazonas evidencian un mecanismo por el que los bosques tropicales vírgenes que quedan en Sudamérica pueden pasar de amortiguar el aumento de dióxido de carbono atmosférico a acelerarlo”, declararon los investigadores en la revista Science del 4 de febrero de 2011. “Si prosiguen los periodos de sequía, la era en la que los bosques amazónicos amortiguan el aumento del dióxido de carbono atmosférico puede haber terminado” (Lewis et al., 2011).